Instantes cuando era conducido el ataúd a la catedral Nuestra Señora de los Remedios

Un homenaje post mortem le dieron algunos miembros de la fundación cultural Embarradores de Riohacha a Roger Sierra Arismendi durante el recorrido de su último adiós en las vías principales de Riohacha la tarde de este lunes.

Eran las 4:00 de la tarde, cuando el féretro que transportaba el cadáver de Sierra Arismendi arrancó su marcha, quien falleció a sus 59 años víctima de un infarto, una hora después de haber desfilado como embarrador la madrugada del domingo.

Al ritmo de los populares instrumentos de la música papayera y el desfile de Los Embarradores, se dio inicio al recorrido desde una reconocida funeraria de la calle 11A hasta la Catedral de Riohacha, donde se ofreció una ceremonia religiosa en su nombre, lugar que se llenó de familiares y amigos.

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Justo en el momento de la entrada, sus hijos lloraban desconsoladamente sobre el ataúd, alegando que los méritos y los honores no son suficientes para cubrir “el vacío que a partir de ahora van a sentir en sus corazones”.

Iván Bruges Mejía.

El presidente de la fundación de Embarradores, Iván Bruges Mejía señaló que el fallecido fue embarrador por casi 40 años y por eso le rendimos homenaje póstumo porque se lo merecía: “Aunque fue hombre bastante callado, cuando se trataba de alguna actividad con Los Embarradores, era muy activo”.

Bruges Mejía agregó que la noche del sábado, el difunto había asistido a la reunión de la Fundación y anunció que la ropa que usaría para el desfile sería totalmente nueva.

Culminada la misa, el grupo de Los Embarradores continuaron el desfile, haciendo el característico grito: ¡Uuuuuuh…uuuuuuh!, al compás de la caminata de los allegados de Sierra Arismendi.

El docente e investigador cultural, Jorge Gómez Effer, fue el encargado de dar las palabras de despedida en la plaza del monumento de Los Embarradores, momento en el cual se destacaron las cualidades humanas de Sierra Arismendi.

“Roger, te puedes ir en paz, le has cumplido a la tradición cultural de Riohacha”, finalizó en su discurso, Gómez Effer. Seguidamente miembros del grupo tocaron el ataúd y lo mancharon con barro como señal del adiós para siempre.

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