Emelina Pérez

Esta es la petición que toda madre le hace a Dios, para que encamine, cuide y haga personas de bien a sus hijos; fue la plegaria que la matrona guajira Emelina Pérez Cataño, hizo durante la crianza de sus siete hijos, quienes hoy convertidos en hombres y mujeres agradecen la entrega incansable de quien les dio la vida.

Hoy esa petición sigue presente y con más fuerza en las oraciones de doña Emelina, quien manifiesta: “día y noche pido a Dios por mis hijos, al verlos realizados me siento feliz, pero a la vez preocupada porque sé que en el camino hay muchos inconvenientes y siempre le pido que envíe un ángel para que cuide de cada uno de ellos, que los aleje del peligro y los encamine por el buen camino ya que yo no puedo estar en todas partes”.

En este homenaje especial de las madres, traemos la historia de vida de quien fuera la responsable de la crianza de los hermanos Carrillo Pérez: Inirida, Yamile, Ingrid, Yolima, Ilfredd, Isaac e Ildebert (fallecido), quienes fortalecidos en los valores del respeto y el amor ‘sin exceso’, son ejemplo de esa buena crianza que les permite servir hoy a la sociedad en distintos escenarios, devolviendo un poco de lo que han recibido.

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“A pesar de mi pobreza, mi experiencia como madre fue muy bonita, le di a mis hijos lo mejor que tuve y hasta ahora me han llevado con respeto entendiendo que soy su mamá”, así describe doña Emelina su desempeño como madre, ese que inició cuando apenas contaba con 19 años de edad y decidió unir su vida al fallecido Regulo Carrillo Inciarte.

Comenta que entre las adversidades no fue difícil la tarea y aunque en un fragmento de ese recorrido le tocó continuar sola, siempre vivió la realidad, mostrando su temple de mujer guajira, dando amor, corrigiendo y guiando no solo a sus hijos de sangre sino también a otros hijos de crianza quienes vivieron bajo sus enseñanzas.

Emelina Pérez junto a sus hijas Yolima, Yamile, Inirida e Ingrid

“Siempre supe que yo era pobre y nunca lloré ni sufrí por eso, me acomodaba con lo que tenía y fui de buenas porque mis hijos gracias a Dios, supieron entender eso y nunca exigieron, yo lo único que le pedía a Dios era que me diera fuerzas para educarlos, poder verlos crecer y que no se me enfermaran porque no tenía como correr con eso”.

Hoy a sus 80 años y con una familia multiplicada con nietos y bisnietos, aún sigue siendo la columna vertebral de esa numerosa familia, donde su voz de mando se escucha y así la describe su hija Ingrid Carrillo, “mi mamá siempre dice lo que es en el momento que tiene que decirlo, nos da fortaleza y cuando tiene que sentar una posición ella lo hace y eso se cumple”.

“Ella es una mujer que emprendió una labor titánica, que nos inspiró a seguir adelante, recuerdo cuando pequeños teníamos un patio grandísimo, ahí aprendimos que nos teníamos a todos para todo y que debíamos saber vivir siendo agradecidos con Dios en la abundancia y en la escasez, pero siempre unidos”.

Sus hijos coinciden en que es una mujer valiente, con una genialidad única, quien ha sabido levantar a dos generaciones manteniéndose firme en sus principios de crianza donde ninguno se le ha salido del camino.

Es por esto que Emelina Pérez Cataño concluye diciendo “a las nuevas madres les digo que sepan llevar a sus hijos y tratar de que no se liberen a los 8 ni a los 10 porque de esa libertad es que viene la perdición y no demostrarle más amor del que necesitan porque de ahí viene la malcriadez”. 

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