“Ya no se ante quien quejarme”. Esta fue la primera respuesta que le dio a este medio Nelsy Contreras García, rectora de la Institución Educativa número 11 que tiene dos sedes, la Escuela el Carmen y Pilar Ojeda, ambas ubicadas en el barrio el Carmen, ante las delicadas circunstancias que viven los planteles.

Primero fue el viacrucis que tuvo que vivir durante los meses que funcionó al lado de la escuela Pilar Ojeda por la instalación en el sector de un comedor para los migrantes, debido a que allí mismo los venezolanos hacían sus necesidades, se masturbaban y hasta formaban sus riñas casi diariamente.

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Ahora el miedo, pánico y temor es por la presencia de migrantes venezolanos en condición de indigencia y consumidores de drogas alucinógenas, los cuales se han dedicado a robarse todos los elementos que pueden vender en las chatarrerías o recuperadoras instaladas en la ciudad que a precios de oferta les compran todo.

Testigos de esa acción vandálica, son las rejas protectoras de la Escuela el Carmen que vienen sido derribadas por los viciosos para venderlas y satisfacer sus necesidades.

La rectora Contreras García le dijo a este medio de comunicación, que espera reunirse antes que termine esta semana con las autoridades educativas del municipio para buscarle una solución a este inconveniente que tiene a toda la comunidad educativa del barrio molesta.

Los denominados ‘Chirretes’ como se les conoce popularmente también hacen sus necesidades en los alrededores de la escuela.

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