Rosa María Romero y su Luis Alfredo Ortega Daza, después de muchas tristezas viene la alegría.
Rosa María Romero y su Luis Alfredo Ortega Daza, después de muchas tristezas viene la alegría.

En medio de abrazos, y con ojos aguados, un joven de 28 años de edad, conoció a su progenitora, a quien por dificultades y desacuerdo con su familia le arrebataron de sus brazos a su hijo con pocos meses de nacido.

Se trata de Rosa María Romero, de 47 años de edad, natural de Bosconia, Cesar, quien luego de casi tres décadas pudo ver y sentir la presencia de Luis Alfredo Ortega Daza, el tercero de sus siete hijos.

Todo comenzó por un mensaje enviado de la madre a través de Facebook, en donde le manifestaba a una tía paterna de Luis, que estaba interesada en conocerlo y saber de su vida.

“Un día estaba pensativa, me sentía triste y llegó a mí la necesidad de querer verlo, mandé el mensaje a una familiar de él y ella me contestó a los días, diciéndome que mi hijo estaba preso” expresó Rosa María.

Luis, quien no ha tenido una vida fácil, fue criado por su abuela en San Juan del Cesar de donde es oriundo, pero en su juventud tomó la mala decisión de probar sustancias psicoactivas, creando una dependencia a estas y llevándolo a cometer actos irregulares.

Desde hace tres años, Ortega Daza estaba en Riohacha, pagando una sentencia por estupefacientes que fue dictada en el sur del Departamento, pero fue trasladado al centro penitenciario de la capital de La Guajira.

“Desde niño quería conocerla, me decían que estaba lejos, a los 6 años mi papá murió, mi abuela me crió, pero me fui de la casa, hice cosas malas, me capturaron, ya pague por eso y ahora estoy libre, queriendo restaurar mi vida apoyado por mi familia” dijo Luis.

En su estancia en la cárcel, Ortega recibió ayuda de una voluntaria que visita a los prisioneros de lunes a viernes, a quien este con gran cariño la describe como un ángel que Dios envió para mejorar su vida.

Mariluz Acero, es una fiel creyente del cambio, católica, quien desde enero lleva un proyecto para ayudar a presos de la penitenciaría de Riohacha, misma que con juegos y gran afecto ha generado mitigar los conflictos de los encarcelados del patio 3, donde conoció a Luis.

“Al principio era apático, y llegué a escuchar comentarios negativos de él, pero un día les hable de su familia, si eran visitados, y el escuchó, luego de mi charla, él se acercó y me dijo que no conocía a su mamá y que desde que entró a este sitio nadie lo había visitado, que incluso pensaban que había muerto», expresa Acero.

Manifestó que desde ese momento comenzó a interesarse en buscar a sus parientes, fue a San Juan donde habló con algunas personas y después le dijeron que la mamá se había comunicado con ellos y organizó todo para el rencuentro.

Mariluz le dio los pasajes y estadía a Rosa Romero, también le dio comida y ropa a Luis con ayuda de su familia, e incluso lo inscribió en un centro de rehabilitación en Santa Marta, donde será desintoxicado y orientado para ser un ciudadano de bien.

“Quiero seguir adelante, ahora solo pienso en mi mamá y mis seis hermanos, me gustaría luego de salir hacer un curso de seguridad privada y trabajar, no quiero tropezar y volver a lo mismo” dijo el joven.

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