La matrona Clara, era reconocida como la persona que mejor hacía las mejores galletas, los mejores dulces y merengues en el pueblo de Carraipía.

Aunque el sol estaba radiante, el pesar en el pueblo era evidente. Los amigos y familiares de Clara no entendían aquella cita del Camino Neocatecumenal, oh muerte donde está tu victoria, pero al igual seguían su cuerpo sin vida en esa temible pijama de madera de la casa al cementerio pasando por la iglesia.

Era el último adiós a Clara Medina Ustate, la mujer que se ganó el cariño de los habitantes de Carraipía por su manera directa, cariñosa, franca y jocosa de tratar a las personas.

Y no era para menos, era la mujer que durante toda su vida horneaba las mejores galletas, hacia los mejores dulces y merengues en el pueblo y sus clientes eran todos.

Así, a costa de su horno y sus calderos logró levantar en compañía de su esposo Antonio a sus 10 hijos, de los cuales le sobreviven 5. Conoció 33 nietos, 4 de los cuales le fallecieron.

Casi toda la vida estuvo de luto y eso tiene una explicación. Cada año alguien de la familia Medina que es muy extensa por cierto, fallecía y ella no desperdiciaba oportunidad para guardar luto, algo muy normal en su generación.

Los habitantes del pueblo la acompañaron hasta su última morada.

Que recuerden sus familiares, la muerte de sus hijos y nietos fueron de los golpes más duros para quien se fue a los 96 años, sin sentir ningún cansancio de cargar una ponchera en la cabeza vendiendo lo que ella misma hacía.

A Clara, era muy difícil verla reír pero eso no significaba que vivía amargada. Por el contrario su carácter regio y sincero lo que generaba era gracia, risa y amabilidad en quienes entablaban una conversación con la vendedora de dulces, cuya actividad ejercía en horas de la tarde.

Las palabras del sacerdote Jefferson Ariza al final de la partida cuando ya el sol se ocultaba, aterrizó a todos los acompañantes de Clara porque según él, morir es encontrarse con la vida y somos peregrinos en la tierra pero en el cielo habitantes eternos al lado de Jesucristo.

Esa condición católica de Clara quien era seguidora de las vírgenes del Carmen y de Santa Ana, podría darle un buen visto bueno en la ventanilla antes de cruzar a la eternidad.

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