Keni Gutiérrez Lubo, dice ser ingeniero petroquímico y haber trabajado en Pdvsa.

Los tres años que tiene de no ver a su familia, tal vez le pesen más que la bolsa negra que siempre lo acompaña con algo de comida o cosas que encuentra en la calle y que le sirven para vender como artículos reciclables.

Se cansó que tantas veces le dijeran no. Por eso, hoy recorre las calles silenciosamente buscando algo de comer en las bolsas que arrojan desde los edificios o de las casas. De allí deriva su sustento. Es excéntrico, de pocas palabras y muy reservado para expresarse.

Todos los días para él son normales, incluso las fechas de diciembre, porque lejos de su familia cree que ni la nostalgia lo acompaña, por eso lleva una vida sin planes, sin ofender a nadie y sin dar la oportunidad de que nadie se meta con él.

Al comienzo no le importó que fuera un periodista el que estuviera hablando con él. Al fin y al cabo no es famoso y no lo consideraba necesario. A los pocos minutos cambió de parecer cuando notó que el interés no era volverlo famoso sino interesarse en su vida, por eso poco a poco fue más conversador.

Para comer no le importa meter sus manos al fondo de una bolsa llena de desperdicios con tal de conseguir algo para satisfacer su necesidad ya que no le gusta pedir, porque la mayoría de las veces la gente no le ayuda. Admite que muchas veces, es él quien no se deja ayudar por ‘sinvergüenza’.

Él es Keni Gutiérrez Lubo, ingeniero petroquímico, quien trabajó un tiempo en la empresa petrolera de Venezuela Pdvsa. Sus palabras son confusas cuando dice que no sabe que lo trajo a Maicao, pero quiere volver a Venezuela cuando Dios se lo permita, porque allá tiene a sus dos hijos, de quienes se reservó sus nombres.

“La gente muchas veces se equivoca, como ven a uno comiendo en lo que botan creen que uno es loco, pero yo termine mi carrera en Técnico medio en mantenimiento mecánico, aunque ande sucio y sea vicioso no me gusta pedir. Tantos no, tantas cosas y tantas vainas que he llevado me han obligado a vivir de la basura para no molestar a nadie», indicó Gutiérrez Lubo.

Este reciclador se despide de su corto dialogo con el periodista, llevándose de nuevo su bolsa al hombro y se despide diciéndole que el pasado 5 de marzo cumplió 27 años de vida. Asegura que el reciclaje da plata, le da para comer, comprar algunas cosas aunque le toque dormir donde lo coja la noche.

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