Conozca la creatividad y la persistencia de vida de cinco personas trabajadores que se ganan el sustento a diario en las calles de Maicao.
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Por REI Santana.

La creatividad y la persistencia caracterizan la vida de cinco de los muchos trabajadores que se ganan el sustento a diario en las calles de la ciudad.

A pesar del decreto nacional de aislamiento obligatorio y los decretos municipales expedidos por el alcalde Mohamad Dasuki, algunos comerciantes y vendedores de la ciudad siguen saliendo a diario a trabajar para conseguir el pan de cada día. Estos emprendedores de la informalidad contaron sus historias a La Guajira Hoy. 

Wilfredo Salas
Wilfredo Salas

Diariamente Wilfredo Salas sale a comprar mercancías y a venderla en el centro de Maicao. Las restricciones no le han convencido de quedarse en casa porque con sus 40 años y una hija pequeña qué mantener, la amenaza del coronavirus la percibe con menos intensidad que el hambre de su familia.

«Tengo tres años y medio desde que me vine de Venezuela. Ahorita estoy vendiendo estos tapabocas porque es lo que pide el mercado aunque la ganancia es mínima: unos 400 pesos por cada unidad. Antes tenía una mesita en la calle 12 con electrónicos pero tocó reinventarse.», expresó Wilfredo a la vez que mostraba preocupación por el destino de su arriendo.

Luis Villalobos
Luis Villalobos.

Con una ciudad cada día más solitaria y vacía, otros como Luis Villalobos, salieron a trabajar con sus carretas porque «las deudas aumentan y la comida se acaba»; este señor venezolano de 31 años de edad, con una hija en Maracaibo, Venezuela, y un arriendo que paga a diario no dudó en poner su herramienta de trabajo a la orden de los compradores de comestibles en el centro de Maicao.

«La cosa está muy dura. Estuve unos días en la casa pero yo vivo en un parqueadero dónde guindo mi hamaca y ahí si no pago el diario me sacan», explicó y añadió que «Hoy no he podido comprar el tapabocas, apenas salga una maraña me lo compro porque uno nunca sabe, hay que ser prevenido con ese Coronavirus».

José Simarra
José Simarra.

La larga historia del señor José Simarra, un cartagenero de 50 años y cinco hijos procreados, incluye su paso por muchas ciudades de Colombia y Venezuela, país dónde estuvo radicado desde el 2015. En el 2019 decidió retornar y probar suerte con la venta de pescados en el Mercado Público de Maicao.

«Ahorita no hay pescados. Casi no llegan o llegan muy caros. Por eso ahora estoy vendiendo ‘topochos’, en Venezuela, en Colombia es ‘popocho’ porque uno en esta vida debe seguir luchando para producir. Toca vender lo que haya para la comelona y para la pieza», contó antes de atender una cliente potencial.

Kelimar Rivas
Kelimar Rivas

La amenaza del Covid-19 en el país y las restricciones que han surgido a raíz de la pandemia han sido una oportunidad que Kelimar Rivas y su suegra, Doris Briceño, han sabido aprovechar con la venta de pan artesanal. Su negocio ha percibido más clientes gracias a la calidad de su producto y a la alta demanda que han tenido las últimas semanas.

«Yo en Venezuela trabajaba como asistente administrativo en un banco y ese conocimiento lo he usado para administrar una panadería que tenemos aquí en un callejón de la carrera 17. Los vendemos a 2000 pesos la unidad o a 1500 al mayor. A ese precio podemos verle ganancia y el cliente puede comprar con facilidad porque no son tan caros», explicó Kelimar Rivas.

Otro testimonio de resurgimiento es el de Jhonatan López, un señor de 36 años de edad quien actualmente vende frutas de producción nacional o traídas desde Venezuela, según la demanda. Jhonatan en el pasado tuvo una vida ligada al crimen y a la mafia pero decidió dejar todo atrás y recomenzar en Maicao honradamente.

Jhonatan López
Jhonatan López.

«Tengo tres hijas en Venezuela y un bebé de 3 añitos aquí que está un poco enfermo y por ellos es que decidí cambiar mi vida, ser otra persona y un buen padre para mis chamos. Tengo familia poderosa en mi país pero no he querido recibir ayuda de ellos para demostrar que sí se puede cambiar. Ahora vendo frutas y es duro pero no imposible», contó esperanzado Jhonatan López.

Las necesidades de cientos de personas que diariamente salen a trabajar en las calles de Maicao son la excusa que han tenido para violar los decretos nacionales y procurarse el sustento. El riesgo asociado a trabajar les expone sobremanera, pero los entrevistados coincidieron en que preferían morir por el Coronavirus que morir de hambre.

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