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A convivir con el Covid-19, no hay de otra dicen los estadistas, los economistas y los analistas políticos, quienes son los que saben.

El escenario social, económico, natural y humano tiene un antes y un después de esta pandemia. Lo real hoy, es que cada ciudadano debe y tiene que cambiar su contexto, su argumento, su trama y su tejido general frente a las circunstancias que se presentan a raíz del Coronavirus o lo cambian los trancazos que aparecerán en su camino.

En el panorama se ubica a La Guajira y las costumbres que se fueron y quedaron en frases como por ejemplo: “En La Guajira, cualquiera te regala un plato de comida”, paja hace mucho pero mucho tiempo, se cohabita con una rucía esquelética y encrespá sin asomo de bonanzas.

Sencillamente, porque lo que mueve y dinamiza la economía peninsular, está en crisis y lastimosamente la corrupción se centró en un grupo de personas y apellidos que fue cercenando las posibilidades de desarrollo colectivo y el resto quedó de lambe micas y agarra maletas y los más vivos volaron alto hacia otras latitudes pero que viven en su confort de La Guajira.

El ganado se manda al matadero, a coexistir con el fenómeno de los últimos tiempos y los que ya cerraron negocios y continúan aprovechando el miedo fusionado frente a la propagación de este flagelo, van a exprimir al pobre pueblo, porque lo que viene es un mundo de alzas y más impuestos que empobrecerá aún más los hogares colombianos, ahí sí cabe La Guajira, pero no se delinea en el mapa de supervivencia del gobierno.

Qué viene para habitante del departamento más rico en recursos No renovables, aunque pobre por el desempleo, no hay industrias, no hay turismo, no hay una buena educación, las obras paralizadas, los políticos no cumplen y pa’ más piedra sabemos que la riqueza del vecino es a punta de lo que corresponde a todos los nativos y adoptivos, pero que no ha habido ni ley ni justicia del hombre que los haga pagar; eso sí de la Ley divina, no escapa nadie.

Si Jaime Molina, ese gran pintor amigo de Escalona, dibujara un cuadro sería a varios estilo: por ejemplo a modo ‘Nueva Ola’: entra la llamada, ves en el display el nombre de quien te llama y, lo dejas ir a buzón, porque no tienes capacidad de respuesta a ese cobro identificado.

En otra escena; se encuentran dos amigas y la una a la otra le dice, ajá mana te quedé esperando ya pasó la cuarentena y ni un abono. Si cambiamos de circunstancias encontramos a los dueños de casas sacando a los inquilinos, otros que en cuarentena empeñaron el carro rogando para no perderlo.

El cachaco de la tienda con el ceño fruncido cobrando con libreta en mano. Las empresas de TV Cable cansonas amenazando con las centrales de riesgos. Electricaribe cortando luz, Assa de su cuenta, los celulares con el mensajito cansón: “El número al que está llamando…no se encuentra disponible”. (Bueno y por qué no ponen de una vez la grabación….este número está cortado y zas… se acabó).

Y ahora viene la película del Óscar: los elegidos en las pasadas elecciones, este cuadro será a estilo Peter Manjarrez: “Te empeliculaste…y le metiste el corazón”; mira como es la película; “Te empeliculaste, te sollaste, y le metiste el corazón zón, Y por eso estás así buscando al barón político”; los concejales, los diputados, los líderes y todos los que tienen puestas sus esperanzas en la contratación están sentaos en el avión, en el bus, en el burro y en todo lo que se mueva pidiendo pista o plataforma de despegue.

Esa gente está esperando su participación en los respectivos gobiernos, la excusa perfecta de los mandatarios es: “estamos enfrentando la pandemia y no hay cabida para más nada”. Es decir, aquellos que sudaron la camiseta de puerta puerta en puerta puerta, pidieron el voto, pusieron plata, no han sido atendidos todavía. No hay espacio, ni tiempo, la pandemia se lo lleva todo. ¿Entendiste? Reinvéntate.

Sí… hay que reinventarse, frente a esta realidad… y es que: “Hay una tremenda pelúa… que no la coge Alejo ni orando el credo al revés”.

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