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Los analfabetos de este siglo no son aquellas que no saben leer ni escribir, sino aquellos que no se disponen a “aprender, desaprender y volver aprender” Alvin Toffler.

Reinventarse es un mensaje repetido pero necesario en este período de pausa activa generado por la declarada pandemia y activado por el aislamiento social. Esta activación nos ha limitado la capacidad de afectos entre personas y nos ha hecho reinventar, utilizando la virtualidad como medio para generar encuentros y emociones. Esta experiencia de vida en nuestra cotidianidad, ha despertado en muchas personas apetitos por el auto aprendizaje, visionando así una oportunidad en medio de la tragedia.

El razonar sobre el auto aprendizaje nos conduce a redescubrir estrategias que nacen con la virtualidad, la cual nos plantea desafíos que dejan de verse como problemas en medio de la crisis. Decía epíteto en unos de sus tratados “no podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero sí podemos elegir como responder a ella”.

La existencia de la cuarentena nos muestra un camino en el aprendizaje como una respuesta para enseñar a confrontar los diferentes escenarios contextualizado en una realidad presente y futura.

Este nivel de enseñanza se produce en el momento en que podemos descubrir los enemigos del aprendizaje, los cuales nos limitan en la acción de aprender. Podríamos ilustrar con respuesta uno de ellos; 1) No dar prioridad al aprendizaje, “no tengo tiempo para eso”, “me gustaría, pero ahora no puedo, después lo hago”, 2) resignacion “yo soy así y no soy capaz de cambiar”, 3) incapacidad de desaprender “así funciona para que cambiarlo”, 4) incapacidad para aceptar que no sé, “eso ya lo sé”.

Cuantas veces tuve esas respuestas en mi cabeza, motivado en lo personal me dediqué en esta cuarentena a diseñar un horizonte de formación que me llevó a potencializar capacidades en las cuales tenía la creencia que todo estaba aprendido, sobre todo en “las competencias conversacionales”, me tocó desaprender para volver a aprender lo correspondiente “a la escucha activa” y “las preguntas significativas”. Quedando en mí, un interrogante de valor, ¿Qué hubiera logrado yo hasta hoy si en mi vida no hubieran existido estos enemigos del aprendizaje?

Este estado de conciencia me condujo al desarrollo de unos objetivos por acción, donde su dinámica constante se convierte en hábitos, hoy nos toca disponernos para enfrentar el momento en que se active el botón de play que confirma el retorno a la normalidad en medio de una competencia humana que solo la podemos entender si podemos interpretar el pensamiento de Heraclito, definido en “todo fluye, todo cambia, nada permanece”.

En este mundo de permanente cambios, con la experiencia del aislamiento social quedan secuelas asociadas a la pérdida de afectos y emociones convertidas en: miedo, incertidumbre, temor, angustia y desesperanza. Para restablecer esas pérdidas, de principio, se debe aprovechar el tiempo, “restándole una hora al pasado y agregándole una hora al presente” para superar el analfabetismo del nuevo siglo. “Aprendiendo, desaprendiendo y volviendo a aprender”.

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