Humberto Rafael Mejía, de 21 años de edad, aquí aparece con su esposa y su hija, después de cambiar el rumbo de su vida.
Humberto Rafael Mejía, de 21 años de edad, aquí aparece con su esposa y su hija, después de cambiar el rumbo de su vida.
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Asumiendo el reto de sus vidas y con el propósito de enderezar el camino, tres jóvenes decidieron abandonar las andanzas en la calle y de manera honrada ganarse el sustento, trabajando en un taller de ornamentación en el barrio Los Almendros de Riohacha.

Humberto Rafael Mejía, de 21 años de edad, es el primer protagonista de esta historia. Siendo el menor de 8 hermanos, cuenta que desde los 10 años de edad se dedicó al reciclaje, una actividad a la que madrugaba diariamente junto a su papá y a sus hermanos mayores para ‘rebuscar’ el sustento diario, mientras por las tardes intentaba estudiar.

Las duras jornadas de trabajo hicieron su efecto y en poco tiempo decidió abandonar sus estudios, juntándose con malas amistades que despertaron su curiosidad y con las cuales quiso experimentar aquello que hoy afirma, le ha sido difícil abandonar del todo. 

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Sus tatuajes reflejan la vida desordenada que hace un tiempo llevaba, pero hoy motivado por su esposa y sus dos hijos ha emprendido la lucha de cambiar todo lo malo que la calle le ofreció, por un hogar al que ahora sostiene trabajando honradamente en este taller.

Quiero cambiar y ser un ejemplo para mis hijos, que vean en mí alguien honrado, que pueda ganarse su respeto”, indicó Humberto Rafael.

Sebastián Eduardo Bolaño también nos relató su historia. Tiene 19 años de edad, es el mayor de tres hermanos, solo cursó hasta sexto de bachiller y cuenta que su mal camino empezó cuando a los 13 años decidió probar marihuana.

Resalta a su mamá como una mujer humilde y trabajadora que se ha esforzado para sacarlos adelante. Reconoce que es ella quien más lo aconseja y a quien más ha hecho sufrir con sus malas acciones.

Aunque se sincera al decir que aún no ha sido posible dejar del todo el consumo de alucinógenos, afirma que hoy se esfuerza por trabajar honradamente. “Las malas propuestas llegan de las viejas amistades, pero prefiero continuar trabajando en el taller donde me han abierto las puertas sin juzgarme”, dijo.

Jorge Ricardo Durango Díaz*, de 16 años de edad, finaliza nuestra historia. Es el menor de 8 hermanos, no terminó sus estudios de bachiller por indisciplina académica, por lo que la falta de ocupación y orientación lo quisieron desviar y hacer caer en actividades ilícitas.

Señala que decidió cambiar de vida y dedicarse a trabajar honradamente para cumplir el sueño que tiene como buen hijo. “Comprarle una casa a mi mamá, hacer por ella lo que aún mis hermanos mayores no han podido hacer, demostrarle que yo sí puedo cambiar y darle motivos para que se sienta orgullosa de mí”, anotó.

Estos jóvenes no solo contaron sus historias, sino que extendieron un consejo a la juventud del Distrito. “Dediquen su tiempo libre en acciones productivas y aprovechen cada oportunidad que tengan de estudiar y salir adelante”, manifestaron.

Asimismo, indicaron que desean recibir nuevas oportunidades de estudio y trabajo para tener mejores ingresos y ser un apoyo para sus familias. “Por eso pedimos a nuestra comunidad y al Distrito que crean en nosotros y le apuesten a proyectos sociales en los que jóvenes como nosotros, sean tenidos en cuenta”.

*El nombre del último personaje de esta historia lo cambiamos por *Jorge Ricardo Durango Díaz, ya se trata de un menor de edad.