El ingeniero civil Robinson Pérez Ortiz dedicó más de cinco décadas de su vida profesional a trabajar por el desarrollo vial de La Guajira. Nació en Pivijay, Magdalena, el 3 de septiembre de 1950, pero su amor por esta tierra y su matrimonio con la riohachera María Rosa Quintero lo convirtieron en un hijo adoptivo del departamento.

Desde su cargo como director del Distrito 10 del entonces Ministerio de Obras Públicas, Pérez Ortiz gestionó, junto al exsenador Amylkar Acosta Medina y el ministro de Transporte Jorge Bendek, la pavimentación de la carretera Riohacha – Chivo Feliz en 1993. Su legado se mantiene vivo en cada tramo de asfalto que facilitó el progreso de la región.
Obras que transformaron el departamento
Con su liderazgo fue posible rehabilitar la vía Valledupar – Riohacha, desde Varas Blancas hasta La Florida, además de las variantes de Urumita, Villanueva, San Juan del Cesar, El Molino, Monguí y Cotoprix. También hizo realidad la pavimentación de Cuatro Vías – Uribia, que en aquel entonces era una trocha casi intransitable en temporada de lluvias.

Uno de sus grandes sueños fue construir las variantes de la Troncal del Caribe en Maicao y Riohacha, proyectos que no lograron concretarse por intereses particulares que frenaron su ejecución. En el caso de Riohacha, las obras llegaron a contratarse, pero terminaron en disputa entre el contratista y el Ministerio.

Vocación de servicio y cariño de sus colegas
El ingeniero Pérez Ortiz fue recordado por sus colegas y amigos como un hombre discreto, trabajador y muy apreciado. “Fue una persona seria, profesional, responsable, excelente amigo y familiar. Su partida deja un inmenso dolor, pero también el recuerdo de una persona íntegra”, expresó Jesús Quintero Mazenett.
Luis Eduardo Acosta Medina destacó su profesionalismo y compromiso, mientras que el exsenador Amylkar Acosta Medina resaltó que su “vocación de servicio y empatía le ganaron el cariño de La Guajira, como si fuera uno más de los suyos”. Pérez Ortiz también fue miembro activo de la Sociedad Guajira de Ingenieros, que reconoció siempre su disposición para trabajar por el desarrollo del departamento.

Reconocimientos y legado que trasciende
La Universidad del Cauca lo homenajeó en agosto de 2023 por su trayectoria, otorgándole la distinción de “Payanés por adopción” al cumplirse 50 años de su graduación como ingeniero civil. Debido a quebrantos de salud, no pudo recibir el reconocimiento personalmente; en su nombre lo hizo su hijo Carlos Andrés, también ingeniero civil.
Hoy su partida deja un vacío profundo en su familia, amigos y colegas, pero también un legado invaluable. Como expresó Amylkar Acosta: “La muerte no tiene la última palabra. Paz en su tumba”.




















