Yarielis Tatiana Navarro Navarro
Yarielis Tatiana Navarro Navarro
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La comunidad educativa de la I.E. Isabel María Cuestas González, sede Mauricio Lopesierra, está de luto. Este 17 de septiembre, a las 3 de la tarde, le dará el último adiós a Yarielis Tatiana Navarro Navarro, una adolescente que el pasado 13 de mayo celebró con alegría sus 14 años y que cursaba octavo grado, llena de sueños, esperanza y un corazón rebosante de amor. Su partida ha conmovido profundamente a compañeros, maestros, familiares y amigos, que la recuerdan como un alma luminosa e irrepetible.

Desde la tarde del lunes 15 de septiembre, el cielo tiene una nueva estrella. Yarielis falleció en la ciudad de Valledupar, en la Clínica Médicos, donde recibía atención médica tras enfrentar quebrantos de salud. Su deceso ha dejado un vacío inmenso en su hogar, especialmente en su madre, Elisenith Navarro, y en su hermano Jhannyel Navarro Navarro, quienes la amaban con un amor sin medida. También en la memoria de su padre, Jhan Carlos Navarro Estrada, quien muy seguramente la despide con el alma desgarrada.

Una niña que vivía para amar

Hablar de Yarielis es hablar de pureza, generosidad y dulzura. Tenía un corazón inmenso, tan lleno de luz que era capaz de iluminar cualquier rincón con solo una sonrisa. Sus compañeros y profesores la describen como una niña especial, respetuosa, amorosa, siempre dispuesta a tender una mano o compartir una palabra amable. Su vida fue corta, pero profundamente significativa. De esas que, aunque fugaces, dejan marcas eternas.

Un último adiós lleno de amor

Su cuerpo es velado en su residencia ubicada en la calle 36A No. 13-07, en el barrio La Cosecha de la ciudad de Riohacha. Allí, decenas de personas han llegado a acompañar a su familia, con flores, abrazos y lágrimas, recordando anécdotas y momentos de alegría que vivieron junto a ella.

Este miércoles 17 de septiembre, a partir de las 3:00 p.m., será llevada en cámara ardiente a su segunda casa: la sede Mauricio Lopesierra de la Institución Educativa Isabel María Cuestas González. En ese lugar donde aprendió, soñó y regaló tanto cariño, la comunidad educativa rendirá un sentido homenaje a su vida. Posteriormente, sus seres queridos la acompañarán hasta el camposanto Los Olivos, donde su cuerpo descansará para siempre, mientras su alma asciende al cielo.

La profesora Mariela Torres la recuerda con profundo cariño: “Yarielis fue una niña que siempre se caracterizó por su hermosa sonrisa, era muy dulce y tierna, se hacía querer de todos. A pesar de las molestias de salud que muchas veces la obligaban a ausentarse por largo tiempo, siempre regresaba con más ganas de seguir adelante. Algunas veces se cuestionaba por qué no podía llevar una vida igual a la de sus compañeritas, pero ella tenía una misión muy especial en este mundo. Llegó para que, en ese corto tiempo, pudiera iluminar todo a su paso y enseñar valentía, fuerza, perseverancia, fe y resiliencia. Pero, sobre todo, para dejar una huella tan profunda que, incluso después de su último suspiro, siguiera dando vida y esperanza a otros”.

El reencuentro con su abuelo

El dolor de esta despedida es aún más profundo, porque hace apenas unas semanas Yarielis también había despedido a su querido abuelo materno, padre de Elisenith, quien fue un pilar en su vida. Hoy, la fe consuela a su familia, creyendo que abuelo y nieta se han reencontrado en la eternidad, donde no existe más el sufrimiento ni la distancia.

Un ángel en la corte celestial

No hay duda: Yarielis ha sido llamada por Dios para hacer parte de su corte celestial. Su alma, tan pura y noble, no podía quedarse mucho más en este mundo. Quienes la conocieron saben que su paso por la tierra fue una misión de amor. Una misión cumplida.

Sus padres, hermano y toda su familia en general la despiden con el corazón partido, pero también con gratitud por haberla tenido, aunque fuera por poco tiempo. El vacío que deja es tan grande como el amor que sembró.

En medio del dolor por su partida, la familia ha encontrado consuelo en saber que, incluso en su despedida, ella siguió siendo fiel a la esencia que la caracterizó: pensar en los demás antes que en sí misma. Su luz y generosidad trascendieron más allá de este mundo, dejando una huella silenciosa y profunda que hoy brinda esperanza a otras vidas. Así, su recuerdo no solo permanece en quienes la amaron, sino también en aquellos que, sin conocerla, recibieron el regalo de su amor convertido en vida.

Yarielis Tatiana ahora vive en el cielo, convertida en ángel. Su voz ya no se escucha en la tierra, pero su eco resuena en los corazones de quienes la amaron. Paz en su tumba.  

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