“Trabajo para que los pensamientos wayuu se escriban en papel y en telares”: Iris Aguilar

Irys Aguilar, una artesana wayuu.
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Por, Olimpia Palmar, especial para La Guajira Hoy

Es de mañana, el olor del café se esparce entre el grupolas mujeres Iipuana que hemos sido convocados por Iris Aguilar a Maku, su ranchería que queda entre el peaje que está en la vía hacia Riohacha y 4 Vías de Maicao en el departamento de La Guajira. Allí vive con su madre Úrsula Aguilar de 100 años de edad.  Esa mañana el sol brilla más que en otros días, el ambiente está fresco, sobre la mesa hay una exposición de diversas técnicas del tejido ancestral en múltiples colores. La maestra Iris invitó a la familia para anunciar el inicio de un sueño de siempre; la escuela textil para niñas de todos los eirukü.

Iris toma la palabra para honrar la presencia de su madre, su pilar fundamental, la esencia de su vida; sonriente comienza a narrar a todas su inicio como tejedora y heredera del saber wayuu, todo comienza en el ritual de encierro de la primera menstruación.

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“Allí comenzó mi escuela y mi formación en el arte textil wayuu, en el aislamiento de 2 años y medio me formaron para saber escuchar, para sembrar en mi mente la palabra que debo pronunciar y coordinar mi pensamiento con el tejido que trenzan mis manos”. La escuché atenta, sus palabras fluían desde su ser, quise dejar mi mente en blanco para memorizar sus enseñanzas, ella anuncia un sueño y yo emprendo un reto, contar su historia.

Iris, ha vivido recorriendo La Guajira, entre mujeres, entre tejidos y entre sueños, la primera controversia que tuvo con las reglas culturales fue que el Kanasiou es valioso “para enseñarle a alguien que no sea de tu eirukü, debe traer vacas, tumas (piedras preciosas) me decía mi mamá, yo en cambio pienso diferente, el kanasiou debe aprenderlo todas las mujeres wayuu sin importar su eirukü o su estrato social”, con este pensamiento que intercambió con artesanas de su generación logró motivar el posicionamiento de múltiples emprendimientos de mujeres en La Guajira Colombo-venezolana, que son el cimiento con el que se instaura la Federación de Artesanas Wayuu Fenarwayuu.

Con su nobleza y ese don de servicio incomparable, la maestra Iris no sólo combina los colores de la naturaleza en sus tejidos, ha logrado tejer la ancestralidad con la innovación, dando nuevas formas a sus piezas para cubrir nuevos mercados como los de hogar, lencería, e incluso tejer el vestuario del papa en su venida a Colombia. Ha logrado unir al sector privado con la comunidad wayuu, el proyecto que nos presenta esta mañana consiste en empoderar mujeres artesanas de la comunidad de Maku en sus conocimientos ancestrales y el uso de las tic, proyecto que desarrolla de la mano de la empresa Pepsico.

El sol sigue subiendo es la tercera intervención de Iris, sonriente levanta la mano y manifiesta, “antes preferíamos apropiar diseños de revistas en nuestros tejidos, porque los kanaas estaban guardados en la memoria de cada mujer, fue así como logramos pasarlo a papel, en un libro y dejarlo en cada rincón del territorio, hoy por hoy vemos que tejemos nuestros propios diseños, los Kanassü”, la escucho atenta mientras le hago una foto. 

Ese libro se titula Kanaasü y representa al menos 2 décadas de la vida de iris recolectando entre las mujeres mayores los diseños y los nombres ancestrales de los Kanassü. Hace un año con Fenarwayuu se entregó la segunda edición de este libro. Dos libros de Kanassü, parece fácil, pero para Iris significó un reto de dibujar y trazar sobre papel la memoria de cientos de mujeres artesanas que hasta ese momento guardaban celosamente su conocimiento ancestral. Por esta osadía llamar la tejedora de la memoria de las mujeres wayuu.

Llega la hora del almuerzo, y nos sirven una rica sopa de chivo y bollo de maíz tierno, aunque hace algo de calor por los 35 grados de temperatura bajo sombra todas lo disfrutamos. Tengo muchas preguntas sobre la escuela textil, La maestra Iris pareciera leerme el pensamiento e interrumpe las bromas con algunas respuestas a mis inquietudes “la escuela se construirá de aquel lado” mostrando a su derecha “lo hablé hace mucho tiempo como mi madre, allí llegarán las niñas que quieran aprender el arte textil, será coordinado con la escuela para que aprenda las dos cosas simultáneamente”.

Iris a sus 67 años, es una apasionada servidora y defensora de los conocimientos ancestrales, y en el trascurrir de su vida ha trabajado en la oficina de asuntos Indígenas de Riohacha, en las Fundaciones Yanama y Ayatain con quienes promovió el desarrollo social y artesanal para la comunidad wayuu, así mismo en el fortalecimiento de tejidos para las mujeres wayuu a través de Artesanías de Colombia. Su experiencia está representada en su ser, está callada, escuchando atenta a cada una de las mujeres que interviene, sonríe de rato en rato mientras va punzando las hebras de hilo de su tejido.

Ya está cayendo la tarde y el grupo familiar comienza a despedirse, Iris emotivamente le insiste a su familia que la acompañen en este sueño “es mi voluntad compartir con ustedes, con sus hijas y nietas lo que mi madre y mis tías me enseñaron. También respeto lo que ustedes quieran ofrecer a su descendencia, trabajo para que los pensamientos wayuu se escriban en papel y en los telares, mientras más juntas es mejor, la unión hace la fuerza”.

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