6 de julio, la muerte y la vida en la Magdalena
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Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, fue una artista muy reconocida en el mundo, pero sobre todo en Estados Unidos, donde cosechó sus más grandes logros profesionales como pintora.

Hija de un inmigrante alemán y una mexicana, la vida de Frida estuvo llena de adversidades de principio a fin.

Frida sufre poliomielitis cuando sólo tenía 6 años, lo cual le dejó secuelas físicas en sus piernas que le generaron segregación social en toda su infancia. Sin embargo, su tenacidad la llevó a perseverar y cuando tenía 15 años logró ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, donde la discriminación femenina sólo permitió que 35 mujeres de 2.000 estudiantes, pudieran obtener el cupo en el prestigioso centro educativo.

Rodeada de futuros próceres de México, y cuando todo le sonreía, con solo 18 años, sufre un accidente en un bus donde se movilizaba. El resultado, columna vertebral fracturada en tres partes, fractura en dos costillas y otras fracturas en clavícula y hueso pélvico. Su pierna derecha se fracturó en 11 partes, su pié derecho se dislocó, su hombro también sufrió y un pasamanos se introdujo por su cadera hasta salir por sus partes íntimas.

A pesar de todo ello, Frida no renunció y empezó a rodearse de artistas e intelectuales. De los cuales fue formando su recia personalidad.

Su constante paso por los quirófanos no le impidieron tener romances y ser feliz. Aunque también tuvo que experimentar divorcios y desengaños, los cuales la atormentaron durante gran parte de su vida.

A la edad de 46 años y después de ya ser una mujer famosa y reconocida por su arte, se descuida con una de sus piernas y sufre una gangrena que le genera una amputación.

Magdalena Carmen Frida fallece a sus 47 años. Su historia debe servir de ejemplo para aquellos que con cualquier obstáculo se creen vencidos. Su historia de vida, debe ser un ejemplo para todas las sociedades.

Magdalena nació un 6 de julio, día en el que unos jóvenes de un pueblo en un departamento con el mismo nombre, fallecen prisioneros de las llamas.

Es fácil criticarlos. Es muy sencillo culparlos por estar en las calles a pesar de la cuarentena. Es cómodo señalarlos de vándalos y estigmatizarlos por caer frente a un camión de gasolina volcado, como si fuesen moscas sobre un manjar.

Sin embargo, simplemente son jóvenes presos de la falta de oportunidades; del desasosiego, de la corrupción, de la injusticia social y porque no, del sistema.

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