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Colombia siempre fue conocida por su protección al medio ambiente. Su posición geográfica con dos mares y sus riquezas naturales siempre la tuvieron como el país de mayor biodiversidad por metro cuadrado en el mundo.

Hoy, lo que nos llenaba de orgullo, tal vez nos avergüenza. Esta semana, mientras celebrábamos con júbilo el día del Campesino; y mientras con orgullo quisimos rendirles un homenaje a esas personas tan valiosas que ponen a parir nuestro suelo, el Global Forest Watch nos coloca como el séptimo país del mundo con mayor pérdida de bosque virgen.

Qué vergüenza, el hecho de estar siendo señalados como violadores del suelo, antes que por seguir conservando intactos nuestros territorios.

Mucho de eso tiene que ver con la visión de los últimos mandatarios de este país, que vieron en las políticas de extracción, la mejor forma de jalonar la economía colombiana.

La minería en todas sus formas (legal e ilegal), es una de las grandes causantes de esta debacle, al igual que la comercialización de árboles y todo tipo de vegetación presente en la cobertura vegetal de nuestros territorios.

Nuestro Departamento no es ajeno a la realidad del país. Qué lindo era pasear por las vías del sur y observar las verdes montañas alrededor de esos bellos pueblos, y ver a los ‘provincianos’ felices cultivando su campo. Pero ya nada de eso existe. Políticas débiles hacia el empoderamiento del suelo, y descuido masivo por parte de nuestro recurso ambiental, ha convertido a este Departamento en lo que somos. Un pueblo echado a su suerte.

Corpoguajira juega un papel muy importante en toda esta cadena. Es crucial que se haga vigilancia en aras de proteger la flora y la fauna. Es imperativo a su vez, parar la tala indiscriminada de árboles para que conservemos parte de la belleza ambiental que aún tenemos.

Porque en muy pocos años, no seremos ni mineros ni agrícolas, y con lo que le estamos dejando a futuras generaciones, ¡tampoco seremos turísticos!

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