Los guajiros pensábamos que este 2021 sería muy diferente al anterior, pero parece que no, y pareciera que estamos condenados a seguir padeciendo los mismos infortunios otra vez.
Los guajiros pensábamos que este 2021 sería muy diferente al anterior, pero parece que no, y pareciera que estamos condenados a seguir padeciendo los mismos infortunios otra vez.
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La Guajira vive un momento de confusión.

Nuestro bello departamento empezó a sucumbir ante la covid-19 en el 2020. Ese mismo año, la empresa más importante del departamento, Cerrejón, también vio como sus actividades cesaban por cuenta de un paro de trabajadores a causa de un turno laboral que ellos consideraban injusto. La parálisis de actividades trajo consigo una crisis social para toda la comunidad que se beneficia directa e indirectamente de la poderosa mina, y una crisis económica para la multinacional a causa de la no exportación de su preciado mineral.

Los guajiros pensábamos que este 2021 sería muy diferente al anterior, pero parece que no, y pareciera que estamos condenados a seguir padeciendo los mismos infortunios otra vez.

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Sí, como si se tratase de un “deja vu”, la covid-19 se pasea oronda por los aires del departamento llevándose consigo a un sinfín de amigos y familiares. La vacuna parecía ser la luz al final del túnel, pero en medio de un proceso de inoculación parsimonioso, en parte porque la cantidad de vacunas enviadas a nuestro departamento es baja, y la apatía de los guajiros frente a las bondades de la vacunación, que a su vez provoca la desconfianza del gobierno central para enviar más vacunas, nuestro futuro inmediato frente a esta circunstancia no se vislumbra como el más prometedor.

Por otro lado, teníamos el año pasado a un Cerrejón en cese de actividades y por estos días estamos experimentando exactamente lo mismo, aunque con el aditivo de las marchas de los diferentes gremios a nivel nacional y que también hacen eco en nuestro departamento.

Si entrar en el debate, de si es justo o no, dado que la moneda tiene dos caras y desde acá no se pretende darle tributo a ninguna de las dos posiciones en disputa para no generar controversias, lo cierto es que la parálisis de la multinacional podría, de no resolverse de manera oportuna la reactivación de actividades, generar una nueva crisis social y económica que afecta a ambas partes y por gravedad a toda la comunidad guajira.

Es por eso que el llamado desde este rincón, es hacia el diálogo entre las partes. Es crucial que tanto los ejecutivos de Cerrejón como los manifestantes se sienten a dialogar y expongan sus diferencias y así poder evaluar posibles salidas, porque La Guajira no se puede seguir dando el lujo de tener más inoperancia, venga de donde venga.

¡Necesitamos mas diálogo y menos autoritarismo!