Sólos en sus hogares muy lejanos de la civilización, así trabajan los estudiantes de centros etnoeducativos de Riohacha.
Sólos en sus hogares muy lejanos de la civilización, así trabajan los estudiantes de centros etnoeducativos de Riohacha.
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Ante la llegada del covid-19 a Colombia, una de las primeras medidas preventivas fue el cierre de las aulas escolares, obligando a cambiar las clases presenciales por las virtuales, un panorama que para algunas instituciones se convertía en la oportunidad de reinventarse, pero para otras, sería todo un reto que afrontar.

Sólos en sus hogares muy lejanos de la civilización, así trabajan los estudiantes de centros etnoeducativos de Riohacha.En situaciones como la actual, donde el Internet, datos móviles y el computador pasan a ser una herramienta esencial para el desarrollo escolar, la pandemia saca a relucir las grandes desigualdades en materia de educación, especialmente en los centros etnoeducativos de La Guajira, que desde antes del virus, ya venían enfrentando desafíos para el acceso y calidad educativa.

Alrededor de las 20 instituciones etnoeducativas que se ubican en Riohacha, se concentra gran parte de los estudiantes de la etnia wayuu, que hoy se encuentran limitados por la falta de recursos tecnológicos.

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Ad portas de finalizar el año escolar, a esta población le toca seguir defendiéndose solo con lápiz y cuaderno, ya que el alcance a la tecnología, es un lujo que pocos padres de familia logran tener.  

Sólos en sus hogares muy lejanos de la civilización, así trabajan los estudiantes de centros etnoeducativos de Riohacha.Yanileth Rodríguez Zúñiga, es madre de dos estudiantes, de preescolar y primaria del Centro Etnoeducativo No. 7 Sede Paraíso, quien asegura que este año ha sido el más difícil para el aprendizaje de sus hijos.

“No tengo computador, ni Internet, me toca pagar una hora de Wifi a un vecino, para conectar el celular, enviar las evidencias de los niños y descargar las guías que entregan semanalmente, ya que tener un plan de datos queda difícil en mi situación económica, así que por ahora, seguiremos trabajando solo con el lápiz y el cuaderno”, indicó Rodríguez Zúñiga. 

El reto también lo enfrentan los docentes de estas instituciones que como pueden, tratan de hacer cumplir el plan de estudio.

Yoanis Peluffo.
Yoanis Peluffo.

“La falta de conectividad en la mayoría de la zona étnica, nos obliga a ingeniárnosla para hacer llegar las guías académicas. A veces las entregamos en el colegio, disponemos puntos de encuentros o dado el caso, vamos hasta la casa del estudiante, exponiendo nuestra propia seguridad, pero tratando de que los menores sigan su proceso de formación”, señaló Yoanis Peluffo, docente de la sede Apunimana, del Centro Etnoeducativo No. 7.

Cabe mencionar que en la actualidad el sector educativo de La Guajira se encuentra intervenido por el Gobierno Nacional, como resultado de una estrategia de monitoreo, seguimiento y control a las entidades territoriales, en el que se identificaron situaciones que colocaban en riesgo la prestación del servicio en lo referente a cobertura, eficiencia, equidad y calidad.

Sólos en sus hogares muy lejanos de la civilización, así trabajan los estudiantes de centros etnoeducativos de Riohacha.En este sentido, quisimos conocer los avances, estrategias y proyectos que desde la Intervención se vienen realizando para garantizar a los centros etnoeducativos mejores procesos de formación en esta nueva modalidad a distancia, pero no fue posible contactar a la gerente de la Administración Temporal para el servicio Educativo en el Distrito, Grisela Monroy Hernández.

No cabe duda que el estudio on-line que resurge como modo alternativo a la educación presencial, evidencia que los planes de actuación, en ocasiones, limitan el proceso de adaptación de la población más vulnerable, teniendo en cuenta que cada estudiante requiere el acceso a un conjunto de recursos tecnológicos que le garanticen una educación de calidad.