Imagen: Pexels.com
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Solemos llamar cuentos chinos a esas historias que nos parecen demasiado increíbles como para ser ciertas. Pero por increíble que nos parezca, muchas de las cosas que nos identifican como pueblo, desde la comida hasta la música, tienen como origen a ese país.

La pasta, ya hace 4000 años que en China la comen en sus famosos fideos. La carretilla, infaltable en las construcciones, la inventaron especialmente para transportar los suministros de guerra.

Incluso se cree que las cartas fueron creadas por las concubinas de los emperadores para matar su aburrimiento, siendo ahora un pasatiempo popular en plataformas de juegos de casino online donde encontramos el póker y blackjack, entre otros juegos de cartas.

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También, existen registros de que las primeras bebidas alcohólicas las hicieron ellos 9000 años atrás. Pero es particularmente el vallenato colombiano quien debe el origen de su acordeón a los chinos.

No es otro cuento chino más

En China al predecesor del acordeón se le conocía como Sheng. Este instrumento creado 3000 años antes de Cristo semejaba más a una gaita escocesa que al actual acordeón diatónico, pero es gracias a su trasegar por el mundo que adquirió los elementos que le ayudaron a darle forma a su característico sonido.

Gracias al comercio con los europeos, el Sheng aparece en Rusia llamando el interés de los músicos que viajaban de pueblo en pueblo. Fue a su llegada a Austria a principios del siglo 19 y a manos de Cyrill Demain que se le agregan su característico fuelle y un sistema de acordes controlado por botones con el que sería rebautizado como acordeón.

En 1835 se le sustituyen los acordes por notas individuales y ya a finales del mismo siglo se le reincorpora el sistema de acordes dándole forma al acordeón moderno, animando bares y cafés.

Imagenes: Unsplash.com
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Una llegada fortuita

Cuenta la leyenda que un buque, que zarpaba desde Alemania hacia Argentina tuvo que hacer una parada en Riohacha para abastecerse de suministros. A falta de dinero, el trueque hizo que el acordeón cambiase de manos y la historia de un país.

Los habitantes de la zona, en su mayoría campesinos que solían cantar para alegrar sus faenas en las vaqueras de las haciendas apreciaron mucho el sonido de tan peculiar instrumento al que rápidamente aprendieron a domar y enriquecer su sonido con los ritmos africanos de la caja y la guacharaca de los indígenas. Desde entonces Valledupar tuvo al vallenato como su hijo más querido.