Las familias viven en hacinamiento y además, en medio de dificultades que han tenido que sortear.
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Se estima que por lo menos 300 familias de procedencia venezolana vienen ocupando desde hace varios meses la vieja pista del antiguo aeropuerto La Majayura en Maicao, presentando inconvenientes propios de un terreno destapado sin ninguna clase de servicios públicos.

Lo más grave es que no poseen baños ni letrinas donde hacer sus necesidades, teniendo que dejar sus heces al aire libre con el consecuente problema de causar malestar entre los vecinos que deben soportar los malos olores.

Esta problemática afecta a las familias que habitan en el nororiente del viejo aeropuerto o Torre de La Majayura Dos, como ellos mismos han denominado el sector invadido.

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Luz Marina Báez, una de las migrantes venezolanas contó: “nosotros debemos hacer las necesidades en el monte y con unos sacos improvisamos, armamos los baños para poder asearnos”.

Asimismo, en medio de la tristeza manifestaron que algunos funcionarios de la Unicef los han visitado y proporcionado algunas ayudas de manera ocasional, que en “algo les alivian sus necesidades”.

En medio de este panorama desolador, habitan alrededor de 480 menores de edad, los cuales disfrutan las diversas actividades de organismos internacionales que ofrecen entretenimiento y charlas en estas zonas.

Estas personas sortean el diario vivir en medio de la incertidumbre de no tener una estabilidad alimentaria, ya que si desayunan no almuerzan y la cena es aplazada debido a la misma escasez que los obliga muchas veces a reciclar los alimentos.

Clara Larrada

Además, comentan que esta semana se llevaron el susto de sus vidas, al recibir la noticia de que serían desalojados del lugar, pero una vez más apareció la personera, Clara Larrada, quien les dijo que se quedaran tranquilos que ella iba a estar al frente de la situación para que fueran reubicados, pero sin ser expulsados de allí.

“No estamos aquí porque queremos, sino porque pasamos una situación muy difícil en Venezuela. Hemos sufrido mucha humillación, pero le estamos pidiendo a Dios que se arreglen las cosas en nuestro país porque allá tenemos cosas buenas y grandes para regresar y seguir adelante”, dijo Jobito Pugliese González, migrante en medio de las lágrimas y con un ¡viva Venezuela!