Mireya Gouriyu, autoridad tradicional de la comunidad Parajain y piachi.
Mireya Gouriyu, autoridad tradicional de la comunidad Parajain y piachi.
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En una mesa de madera se observan totumas llenas de plantas, remedios naturales de diversas texturas, se observa la cura para todo mal. Mireya Gouriyu, autoridad tradicional de la comunidad Parajain y piachi (médico tradicional), hace un recorrido por lo que ahí exponen pues ella, más que nadie, sabe para qué son y porqué están ahí. Cuenta, que cuando las personas llegaban en búsqueda de una cura, ella ya sabía qué les dolía y cómo sanarlas.
 
A la comunidad de Parajain por muchos años fueron personas con gastritis, cólicos, mal de ojo, o conflictos familiares y, según cuentan sus habitantes, nunca se fueron igual. “Si llegaban con problemas yo los percibía y contaba con una herramienta, el laniia (amuleto de protección espiritual), para sanarlos. Muchas personas de todas partes me buscaban, pedían mi intervención. Esto es lo que hacía cuando era piachi”, menciona Mireya.
 
Sí. Cuando era piachi, porque Mireya y las 20 familias de su comunidad dejaron esta vocación y ahora se dedican a otras actividades: “En esta comunidad ahora nos dedicamos al pastoreo, sacamos yotojoro, vendemos madera, carbón, leña, chivos, artesanías y, como ya hay motos acá, los hombres hacen sus carreritas y de eso comemos, indica la autoridad. Onesimo Gouriyu, habitante de Parajain, refuerza el mensaje de Mireya: “Me dedico a trabajos de la comunidad normalmente en el colegio, pero cuando estoy de vacaciones corto madera y hago otras cosas en el día a día. Las personas que llegan aquí a comprarnos son bienvenidas porque nos benefician”.
 
Y los que muchas veces sanaron, también tuvieron su momento de recibir alivios, como el del agua: “Ahora con Cerrejón me siento muy contenta porque nos trae el agua, porque nos tiene en cuenta para sus proyectos. Ya tenemos agua en la comunidad y si tenemos ese líquido, somos ricos. Es lo único que necesitamos para seguir adelante y generar nuestros alimentos”. Esta comunidad definió y ejecutó proyectos de entrega de animales, plan semilla para artesanías, y fortalecimiento cultural, en el marco de la sentencia T-704 de 2016 con Cerrejón. Resultado de esas iniciativas, pudieron realizar varias adecuaciones dentro de su territorio, como un pozo de agua para todos sus habitantes.
 
Parajain tiene muchos sueños, algunos ya se han hecho realidad y otros siguen en el camino: “Nosotros soñamos muchas cosas, anteriormente sufríamos con el agua, pero llegó la ayuda. Por el momento ya tenemos agüita, ya podemos crecer más, trabajar, sembrar comida, pastorear más chivos y queremos tener muchos más dentro de los próximos años. Queremos crecer para dejar a nuestros hijos bien, un mejor futuro”, menciona Onesimo.