Anthony Ribas, hoy es un vendedor ambulante que gana lo suficiente para sostenerse.
Anthony Ribas, hoy es un vendedor ambulante que gana lo suficiente para sostenerse.
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Es la historia de Anthony Ribas, un joven que, luego de vivir en la delincuencia y perdido en la drogadicción, un día despertó de su ensueño y encontró en Cristo la respuesta para salir de sus vicios y cambiar su vida.

Proveniente desde la lejana ciudad de Punto Fijo, en el estado Falcón, Anthony Ribas trajo a Colombia en el 2015 no solo sus necesidades al migrar, sino también sus vicios y malas costumbres que adquirió en el mundo de la delincuencia cuando vivía Venezuela.

Anthony Ribas, hoy es un vendedor ambulante que gana lo suficiente para sostenerse.«Comencé a consumir drogas a los 16 años, era un muchacho cuando eso y me perdí. Hace cinco años cuando llegué a Maicao seguía igual», reconoce este joven que ahora se encuentra alejado de los vicios y la mendicidad.

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Relata que poco después de llegar a la ciudad de Maicao terminó viviendo en el Mercadito Guajiro, un lugar donde frecuentan muchas personas en condición de calle. En ese lugar durmió, vivió y consumió distintos tipos de alucinógenos. Explicó que se ganaba la vida con el reciclaje o vendiendo cosas robadas para comprar más drogas.

«Hoy me doy cuenta que Dios siempre estuvo protegiéndome, teniendo misericordia por mí. Esos cinco años fueron años perdidos», dijo Anthony a La Guajira Hoy en una conversación casual en las calles del centro de Maicao a mitad de jornada, mientras ofertaba maníes y bolsas plásticas para su sustento.

Anthony Ribas, hoy es un vendedor ambulante que gana lo suficiente para sostenerse.La revelación llegó a su vida cuando una fundación cristiana llevó el mensaje de Dios al Mercadito Guajiro. Escuchó el mensaje de esperanza y decidió dar el paso para transformar su presente lleno de tinieblas, alcohol y drogas por un destino más promisorio alejado del mal.

«Gracias a la fundación rescatados por su sangre he salido de ese mundo. Ahora me gano la vida vendiendo honradamente. Vivimos en Majupay unos 20 jóvenes. Lamentablemente un par de hermanos rescatados volvieron a caer, pero yo me he mantenido aferrado a mi Dios para seguir y gracias a Él ya no soy un gamín«, comenta con orgullo.

Agregó que, de sus compañeros recuperados en esa fundación sin ánimos de lucro, se envió una misión conformada por diez jóvenes para comenzar la misma iniciativa en el Distrito de Riohacha.

Anthony Ribas, de 26 años de edad, venezolano de nacimiento y con más de seis meses sin consumir drogas o alcohol, vive en la ciudad de Maicao, perdió contacto con su familia desde antes de migrar a Colombia. Ahora sus días los vive agradecido con Dios y con la vida por poder dar testimonio de que los venezolanos no son un problema, sino una solución.

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