En una de las residencias han recibido charlas sobre la violencia de género, kits de aseo y una bolsa de alimentos.
En una de las residencias han recibido charlas sobre la violencia de género, kits de aseo y una bolsa de alimentos.
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El día a día se les va esperando clientes invisibles que pagan unos pocos pesos por un amor fingido. Sus cuerpos los convirtieron en monumentos intocables que sacrifican por el bien de sus familias. La Guajira Hoy conversó con algunas de ellas.

La Chikis, La Catira, La Monita, La Culo, Luna, Estrellita, Crystal. Así se apodan algunas mujeres que hacen vida en Maicao y que se dedican a la prostitución como medio de subsistencia. No revelan jamás sus nombres ni sus rostros ante la cámara para mantener la confidencialidad.

Esperan y esperan el cliente, así viven las mujeres que explotan su cuerpo en Maicao.
Esperan y esperan el cliente, así viven las mujeres que explotan su cuerpo en Maicao.

La jornada empieza a rayar el amanecer. Se agrupan en los alrededores de las residencias ‘Casa Verde’, en pleno centro de Maicao, donde pacientemente esperan conseguir clientes que han de pagar por sus artes amatorias.

«Ahora con la cuarentena pasamos el día aquí, pero nos tenemos que ir a las 2:00 de la tarde, cuando comienza el toque de queda», dijo La Chikis sosteniendo un cigarrillo ‘doble click’, joven de 23 años y madre de tres hijos.

Cuentan que, en otras circunstancias, preferirían trabajar algo más respetable, puesto que en el día a día suelen encontrar hombres abusivos, algunos violentos y muchos adictos. Aunque muchas lo hacen por necesidad y otras por placer y diversión.

Bioseguridad. En la entrada de algunos locales se encuentran elementos para el lavado de manos, para reducir la posibilidad de contagio del covid-19.
Bioseguridad. En la entrada de algunos locales se encuentran elementos para el lavado de manos, para reducir la posibilidad de contagio del covid-19.

«¿Me preguntas cómo es esta vida? no, esto no es vida», respondió con fiereza otra chica de 19 años de edad. Comenzó en la prostitución poco después de cumplir la mayoría de edad, porque «al no conseguir trabajo, tuve que tomar esta decisión para dar de comer a mi hijo».

En la puerta de un prostíbulo se encuentra este aviso.
En la puerta de un prostíbulo se encuentra este aviso.

Al caer llegar la noche, las cuentas suelen sumar poco dinero para comprar alimentos y pagar deudas; no les alcanza sino para vivir un día a la vez. Por eso algunas se atreven a exponerse durante la noche violando la ley.

Visten y calzan ropa que adquieren a crédito. Duermen en residencias que pagan a diario. Su dieta puede definirse como desorden alimenticio. Sus besos los reservan para cumplir sueños de amor verdadero que guardan en lo profundo de sus duros corazones.

Las entrevistadas coincidieron en que no cuentan con ayuda humanitaria de ningún tipo, aunque sí han recibido charlas, kits de aseo y una entrega de alimentos que no se repitió jamás.

«La verdad es que estamos muy mal. Antes trabajaba en una empresa grande en la cadena de producción, solo que la crisis tiene cara de perro. Es algo circunstancial porque no pretendo hacer esto para siempre», reveló otra joven.

Elizabeth Cuesta
Elizabeth Cuesta.

Según Elizabeth Cuesta, presidenta de la fundación Afronteras, en Maicao hay cerca de doscientas trabajadoras sexuales que han permanecido pese a las dificultades que la pandemia. Sus historias quedarán sepultadas bajo la confidencialidad que les provee lo que conocen como ‘el mundo oscuro’.

Fumando cigarrillos mentolados, maquilladas para disimular sus pensamientos y sonriendo pese al escarnio público, estas mujeres, madres, hijas y exesposas luchan al igual que muchos en la ciudad de Maicao por sobrevivir en medio de la pandemia.

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