María Elena Martínez, mujer que con su trato dulce atiende a los maicaeros que visitan su puesto de trabajo.
María Elena Martínez, mujer que con su trato dulce atiende a los maicaeros que visitan su puesto de trabajo.
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Se llama María Elena Martínez. Llegó en el 1996 a Maicao desde el lejano departamento de Norte de Santander. Hoy tiene 64 años de edad, de los cuales 20 los ha dedicado a la venta de café en un puesto que coloca diariamente en la plazoleta de la Casa de la Cultura de este municipio y con su esfuerzo incansable ha sostenido su hogar.

Llueve, truene o relampaguee diariamente, la señora María monta su puesto a las cinco de la mañana, con la puntualidad religiosa atiende a una clientela que se ha ganado su corazón, quienes han depositado confianza casi ciega en ella para otras labores con las que gana el sustento para su familia.

María Elena Martínez, mujer que con su trato dulce atiende a los maicaeros que visitan su puesto de trabajo.También me rebusco con la lavada y la planchada, las personas que me conocen confían en mí y me buscan para hacer aseo y esas cosas. Trabajando aquí saqué adelante a mi hija, le di estudio con los que se puede defender; universidad no le di porque esto no da para pagar la matrícula”, relata la abuela del tinto.

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Con el paso de los años, la presencia de la señora María Martínez en la plazoleta de la 15 con 12 se ha convertido en un ícono de la maicaeridad. Su buen trato a la clientela y la pasión que le imprime a las labores que le encomiendan la han hecho merecedora del cariño de conocidos y extraños que se acercan a disfrutar de un tinto en su puesto.

María Elena Martínez, mujer que con su trato dulce atiende a los maicaeros que visitan su puesto de trabajo.“Por aquí me quieren mucho. El día que no vengo a trabajar, las personas me preguntan que por qué no vine. Me extrañan. Yo trabajo diariamente para mí y mis cuatro nietos. He sobrevivido también gracias a personas que me han ayudado porque del gobierno y de esta administración no he recibido nada”, dice la señora María.

Recuerda con ternura a periodistas reconocidos como Alcides Alfaro, Anaís Suárez, Edilfe Viloria o Edison Gálvis. Guarda en un lugar especial al anterior director de la casa de la cultura, el actor de teatro Jhon De La Rosa, quien le brindó distintas ayudas para ella, su familia y su casa situada en el barrio Vincula Palacios, al suroeste de Maicao.

“Vivimos en la calle 3 con carrera 28. Con mucho sacrificio he construido mi casa, pero no se crea usted: pasamos muchas penurias. Las paredes están agrietadas, no tenemos alcantarillado, tenemos una letrina colapsada y con estas lluvias estamos inundados”, lamenta la abuela con tragedia en una voz apaciguada por las adversidades sufridas.

María Elena Martínez, mujer que con su trato dulce atiende a los maicaeros que visitan su puesto de trabajo.A pesar de todo, esta señora ejemplar dedica sonrisas y buenos tratos a sus compradores. Porque “nadie conoce gotera de casa ajena”, dice. Incluso es capaz de brindar un café a quien no pueda pagarlo porque ella “sabe lo que es pasar necesidad”. Además, todo lo hace de corazón porque “arriba hay un Dios que para abajo ve”.

Nunca demuestra su pesar para no causar lástima. Sin embargo, confesó estar abierta a recibir donativos de materiales de construcción para reparar “ella misma” las paredes o el techo de su casa, puesto que la calamidad vuelve con cada lluvia que cae. Hace dos meses tuvo la fortuna de ser incluida entre los beneficiarios del programa Colombia Mayor, lo que ha aliviado ligeramente sus penurias.

“Dios siempre me ha acompañado a donde quiera que he ido. Aun con toda esta crisis no me he acostado un solo día sin darle de comer a mis nietos. Y por eso le agradezco a mi Señor todos los días”, termina la abuela que vende tinto en la plazoleta de la Casa de la Cultura de Maicao.

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