De 121 millones a 503: un salto que genera alarma
La decisión de la alcaldía de Maicao, Miguel Felipe Aragón González de asignar 503 millones de pesos para los Juegos Wayuu 2025 ha generado sorpresa y preocupación. En años anteriores, el evento se realizaba con presupuestos cercanos a los 120 millones, pero el salto a más de 500 millones ha desatado un debate sobre prioridades, transparencia y sentido común en el uso de los recursos públicos.

El exalcalde y concejal actual, Eurípides Pulido Rodríguez expresó que la institucionalización de los Juegos Wayuu fue un paso positivo para la cultura y la identidad del pueblo indígena. Sin embargo, llamó la atención sobre lo que considera un incremento desproporcionado. “El problema no es que existan los juegos, yo voté a favor de ellos, el problema es cómo se justifica pasar de 121 millones en 2024 a 503 millones en 2025. Esa diferencia puede comprometer la estabilidad financiera del municipio si en algún momento flaquea su capacidad económica”, aseguró.
Señalan posible conflicto de intereses
La polémica no solo está en la cifra. La sociedad maicaera también manifestó su inquietud porque los recursos serían administrados por una fundación vinculada a la familia materna del alcalde Miguel Felipe Aragón González. Se trata de una ONG con la que el mandatario fue relacionado antes de las elecciones, lo que despierta dudas sobre un eventual conflicto de intereses.
La situación ya fue alertada a los organismos de control, especialmente a la Procuraduría, para que verifique si la contratación cumple con los principios de transparencia y legalidad. Para la ciudadanía, lo que está en juego no es únicamente la celebración de los Juegos Wayuu, sino la credibilidad de una administración que debe rendir cuentas claras sobre cada peso invertido.

Exalcaldes cuestionan la prioridad del gasto
El exalcalde Mohamed Dasuki, quien durante su gestión destinó alrededor de 120 millones para la realización de los juegos, también se mostró crítico frente al monto aprobado para este año. “No se puede desconocer que los juegos son importantes para el pueblo wayuu, pero 503 millones es una cifra exagerada. Con esos recursos se podrían atender necesidades urgentes como el agua o la energía solar, que tienen un impacto duradero en la calidad de vida de las comunidades”, afirmó.
Dasuki recordó que durante su administración se priorizaron inversiones en paneles solares y mejoramiento del acceso al agua, porque esos proyectos generan beneficios a largo plazo. “Unos juegos duran tres o cuatro días, pero reparar un molino de agua sirve por décadas. Con 400 millones adicionales se podrían adecuar al menos diez molinos, lo que aliviaría la crisis hídrica que hoy enfrentan cientos de familias wayuu”, enfatizó.
¿Fiesta cultural o despilfarro de recursos?
El debate ha puesto sobre la mesa un dilema de fondo: ¿hasta qué punto es válido destinar semejante suma a una celebración cultural de corta duración, cuando las necesidades estructurales siguen sin resolverse? Los críticos no piden acabar con los Juegos Wayuu, sino dimensionar la inversión y evaluar si esos 503 millones realmente corresponden a la magnitud del evento.

Algunos sectores sociales consideran que el gasto termina siendo un ‘lujo político’ más que una inversión en desarrollo. Otros, en cambio, defienden que los juegos son un espacio de reconocimiento y orgullo para el pueblo wayuu, que merece el mismo nivel de apoyo que otras expresiones culturales de gran impacto, como los carnavales en distintas regiones del país.
El desafío de administrar con responsabilidad
En cualquier escenario, la administración del alcalde Aragón González tendrá que explicar con detalle en qué se invertirán los 503 millones, cómo se contratarán los proveedores y qué beneficios tangibles quedarán después de la realización de los juegos. La transparencia será clave para disipar la sombra de dudas que hoy rodea la decisión.
Como lo resumió el concejal Pulido, “no se trata de estar en contra de los juegos, se trata de entender si el municipio puede darse el lujo de destinar semejante suma sin descuidar necesidades básicas”. Por ahora, la preocupación sigue viva en la opinión pública, y la expectativa recae en los entes de control, que deberán garantizar que la millonaria inversión no se convierta en otro capítulo de desperdicio de recursos en La Guajira.




















