Las ventas de tinto se ha vuelto una actividad que ayuda al sustento de la casa. Foto de Noticias Uno.
Las ventas de tinto se ha vuelto una actividad que ayuda al sustento de la casa. Foto de Noticias Uno.
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Si hay alguna actividad que en Maicao genera ingresos y saca de apuros a cualquier desempleado o recién llegado, es la venta de tinto y aromáticas, acompañadas de confites, panes, cigarrillos y otros que los economistas llaman ganchos de los gastos hormigas.

Para algunos, es en Maicao donde más se vende tinto las 24 horas y con la llegada de los migrantes venezolanos esta actividad se disparó. Los dueños del mercado hasta hace unos años eran los nobles vendedores de la colonia cordobesa llamados tuchineros, los que le agregaron a su oferta el delicioso chocolate sabanero elaborado con maíz cariaco, ajonjolí y cacao.

Luego se sumaron personas de diferentes regiones del país incluido los paisas, que nunca fallan en una cita de emprendedores con su particular estilo de atraer la clientela.

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A decir verdad, la actividad con esta variedad de protagonistas se extendió como la verdolaga en la sabana y los más visibles son los ciudadanos venezolanos, aunque la mayoría prefiere el sabor de las aromáticas hechas por colombianos.

José Pedrozo, un reconocido vendedor de tinto en la zona céntrica del municipio de Maicao.
José Pedrozo, un reconocido vendedor de tinto en la zona céntrica del municipio de Maicao.

José Pedrozo, es uno de los pocos vendedores sobrevivientes de esta noble actividad en el mercado público, quien no oculta que durante esta pandemia la bebida más solicitada ha sido la elaborada con jengibre y limón porque en la creencia popular ayudan a combatir el covid-19, el resfriado y la gripa.

Ha sido la época de la pandemia que los obligó a subir el precio del vasito que desde hace mucho tiempo venia costando 200 pesos, según Pedrozo. Advierte que tras el alza de muchos productos de consumo básico también se dispararon los precios de los insumos y los desechables por lo que ahora el tinto cuesta el vaso más pequeño 300 pesos.

Para Coromoto, una dama venezolana que tiene su puesto fijo en la concurrida carrera nueve, muchos no se acostumbran al nuevo precio y llegan con los 200 pesos, ante lo cual generalmente le toca ceder. «Hay unos que me los pagan a 300 y otros 200 y ahí vamos» dice con una sonrisa de resignación.

Pedrozo, dice ser samario a mucha honra, pero ya se cree maicaero porque lleva 25 años en la ciudad con este trabajo con el cual les ha dado educación a sus tres hijos de manera honrada.