Sobre su carrito, que él llama su arca trabaja anda felizmente cada día.
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Con 50 años de estadía en Maicao y 71 de edad, David Yanez Castilla, es un hombre alegre, conversador y feliz de ser zapatero; aunque muchos clientes llegan con calzados en condiciones críticas o en cuidados Intensivos, advierte que no hay trabajo que le quede grande.

De su trabajo dependen, él, su esposa y su último hijo, lamenta, eso de no poder generar otro empleo, pero es que las cosas no están muy buenas. Asegura que el costo de una remontada depende del valor del calzado porque hay zapatos que por su estado no vale la pena arreglarlo si va a costar más de su valor inicial.

Advierte que su estado emocional y de salud se debe a que se apartó del trago que tanto daño le hizo. “Le pido a Dios que me mantenga así, con salud y alejado de las cosas malas que me hacen daño”, dice.

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David Yanez Castilla

Espera que en diciembre las cosas mejoren porque según él la lluvia si bien daña calzados también es cierto que la gente no tiene plata para mandarlos a arreglar.

Yanez no se cansa de dar gracias a Dios por su trabajo y su salud. “A mí me gustaba mucho visitar las chicas malas y amanecer con ellas, pero Dios me recogió a tiempo y hoy vivo feliz, dice sonriente.

Revela que la mayoría de sus clientes son mujeres, aunque el calzado de hombre le deja más ganancias. Recuerda que muchos clientes mandan a arreglar sus calzados y luego se olvidan y que, aunque llegan después de tantos años o meses ahí los encuentran, muy a pesar de que algunos llegan con groserías a reclamarlos.

El oficio se lo heredó a un tío en Cartagena a quien debía llevarle el almuerzo y se quedaba allí ‘secuestrado’ según él y lo ayudaba; “echándole bóxer a una cantidad de suelas fui aprendiendo algo que al principio no me gustaba porque me sentía marginado” advierte.

Dice que en Maicao lo han tratado muy bien, tiene muchas amistades porque él es un hombre amable, servicial y compagina con todo el mundo.