La Corte Constitucional advirtió que los avances del Estado en materia de seguridad alimentaria para la niñez wayuu siguen siendo insuficientes. El alto tribunal señaló que, tras siete años de seguimiento a la sentencia T-302 de 2017, las cifras de desnutrición y mortalidad infantil en La Guajira no muestran una reducción significativa, lo que evidencia falta de acciones sostenibles.
El pronunciamiento indica que los programas aplicados han sido asistenciales y dispersos, sin un plan integral que garantice agua potable, alimentación adecuada y acceso a la salud. Para la Corte, resulta “inadmisible” que, pese a la orden judicial, miles de niños wayuu continúen expuestos a una crisis humanitaria que se prolonga en el tiempo.
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Comunidades y líderes sociales reclaman soluciones reales y no más promesas
Organizaciones sociales en Riohacha y la Alta Guajira coincidieron en que la respuesta estatal ha sido limitada. Eudes Romero, líder comunitario de Villa Fátima, afirmó que el Gobierno “no ha cumplido” y que los niños siguen muriendo por desnutrición. José Silva, director de la ONG Nación Wayuu, agregó que la crisis es real y diaria: “Nuestros niños mueren de hambre y sed, la Corte lo confirma”.
En las comunidades rurales, madres wayuu denuncian que las ayudas humanitarias son esporádicas y no alcanzan para todas las familias. El acceso al agua potable sigue siendo precario: muchas deben caminar largas distancias para llegar a jagüeyes o esperar los carrotanques, lo que deteriora aún más la salud de los menores.
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Gobernación pide mayor apoyo nacional para enfrentar crisis de la niñez
El gobernador de La Guajira, Jairo Aguilar Deluque, recordó que desde el departamento se han impulsado medidas como el Fondo de Seguridad Alimentaria, con el que se distribuyeron 400 toneladas de alimentos. Sin embargo, reconoció que los esfuerzos son limitados si no se cuenta con un respaldo más fuerte del Gobierno central.
La Corte Constitucional reiteró que el Estado debe implementar políticas públicas de largo plazo y coordinar a los diferentes niveles de gobierno para evitar duplicidades y lograr soluciones estructurales. Mientras tanto, el desafío sigue siendo garantizar que los niños wayuu tengan acceso a lo más básico: agua, comida y salud.












