Estudiantes de la escuela Jorge Luis Brito estrenan pupitres elaborados con plástico reciclado.
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La precariedad en la infraestructura escolar sigue siendo uno de los grandes cuellos de botella en la educación rural del país. Sin agua potable, sin electricidad o con aulas deterioradas, muchos docentes se las ingenian para sostener procesos educativos que merecen mejores condiciones. En ese contexto, la escuela Jorge Luis Brito, en la vereda Casa Aluminio del municipio de Dibulla en La Guajira, recibió un amoblamiento para que los estudiantes pudiesen sentarse y recibir los conocimientos de aprendizaje.

Una iniciativa que mejora aulas y fortalece el aprendizaje

La Organización Terpel decidió intervenir con una apuesta: dotar con pupitres todas las aulas de primaria de la institución, beneficiando a 63 estudiantes desde preescolar hasta quinto grado. Estos nuevos mobiliarios garantizan espacios más cómodos y seguros, un cambio que ayuda a los maestros a captar la atención de los niños y a desarrollar sus clases con mayor fluidez.

Los nuevos pupitres, fabricados con economía circular, fortalecen el ambiente educativo en Dibulla.

La Unesco ha sido enfática en que mejorar la infraestructura escolar tiene efectos profundos en la equidad social. Cuando las comunidades rurales acceden a condiciones adecuadas, se estrechan brechas históricas y se crean oportunidades reales para que las niñas y los niños avancen en igualdad de condiciones. Ese es precisamente el impacto que Terpel busca potenciar al intervenir entornos donde la precariedad suele ser la regla.

Niños de la vereda Casa Aluminio reciben mobiliario escolar que mejora sus condiciones de aprendizaje.

Educación con propósito y sostenibilidad ambiental

La dotación también tiene un componente ambiental que marca diferencia. Los pupitres fueron fabricados con plástico reciclado, el equivalente a 504 kilogramos de material recuperado gracias a la recolección de tapas plásticas realizada por colaboradores de Terpel en distintos puntos del país. Es un ejemplo de cómo la economía circular puede dejar beneficios en territorios que lo necesitan, conectando responsabilidad ambiental con impacto social.

Daniel Perea, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Terpel

Daniel Perea, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Terpel, lo resumió así “En Terpel tenemos la convicción de que la educación es el camino hacia un país más equitativo, incluyente y competitivo. Por eso, día a día trabajamos para mejorar las condiciones en las que aprenden los niñas y niños de zonas rurales. Sabemos que cuando una escuela cuenta con espacios y herramientas adecuadas, no solo se fortalecen los procesos educativos, sino también las oportunidades de toda la comunidad”.

Esta iniciativa mejora la infraestructura escolar siendo una decisión estratégica para transformar vidas. En la vereda Casa Aluminio ya se siente el cambio: mejor mobiliario, aulas más dignas siendo una solución que puede nacer de la unión entre educación, empresa y compromiso ambiental.

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