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La vida, Dios y el magisterio me regalaron un gran amigo, que por caprichos del destino en la pandemia del coronavirus, ha partido más allá del firmamento.

Para Nicolás Dimas López Ríos el vínculo de la amistad era una especie de aleación donde los metales que intervenían eran seres humanos; por eso en cierta ocasión donde los docentes se tenían que presentar hizo una disertación de los rasgos más notables de su personalidad y se auto–proclamó como “un amigo de sus amigos”. No era charlatanería, es que así nos lo demostró a quienes tuvimos la dicha de interactuar con él.

En la institución educativa Perpetuo Socorro de Maicao siempre será recordado por su buen sentido del humor, haciendo uso cada vez que podía de la coloquialmente mamadera de gallo, amante del Vallenato de los años 70 y 80, del son Cubano y de los boleros especialmente los interpretados por Daniel Santos.

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Según Cicerón un personaje de la historia Romana “un amigo es más necesario que el agua y que el fuego”; Nico (como cariñosamente lo llamábamos) cumplía ese requerimiento a cabalidad, era ese compañero que usted como docente necesita, como persona mayor, como consejero acercándose a un orientador del desempeño profesional mostrando sus años de experiencia.

Siendo uno de los docentes de mayor edad, se caracterizaba por tener unos conocimientos muy amplios en el área de la informática, respecto al manejo de programas y aplicaciones. En él se le podía dar final a la idea, que estas personas no pueden adquirir destrezas a la hora de trabajar con el computador; era toda una contradicción porque varios de sus otrora compañeros de trabajos aprendimos trucos y recursos en esta área del conocimiento gracias a su colaboración.

Con mucha autoridad y respeto en cierta ocasión en una capacitación docente de una nueva versión del programa utilizado para digitar notas por parte de los presentes, a un funcionario de la alcaldía municipal en Maicao le hizo la observación de la forma en que presentaba un archivo de una hoja de cálculo como una herramienta innovadora para esta labor.

Una vez tuve la oportunidad de escuchar en un acto cívico alusivo a la amistad, de una institución educativa donde laboré, la explicación de un niño que cursaba quinto grado de básica primaria, y mostraba una cartelera que anunciaba “Los amigos son como los libros, no necesitas tener muchos si no los mejores”; si eso es cierto, entonces Nicolás López equivalía a una enciclopedia, porque como él pocos amigos he tenido, e imposible reunir un millón de estos como expresó su deseo el cantante brasileño Roberto Carlos en su legendaria canción.

El pasado 28 de octubre se convirtió en otra víctima de la negligencia del servicio de salud de los docentes pensionados y de la desidia con que el estado colombiano cuida la salud física y mental de quienes, en las aulas de clases pretenden forjar un país con esperanza y equidad; un auténtico guajiro que hoy no está con nosotros, para hacernos reír con su jovialidad. Nicolás López, genio y figura hasta en la sepultura. Hasta siempre mi compadre, como se refería a usted quien le escribe estas líneas.

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