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Alguna vez en terapia familiar, me sorprendió la frase de una madre que estaba atendiendo con su pequeña hija, desesperada del comportamiento de la chica, rebelde, sin metas, dificultades académicas, sin motivación, ni proyecto de vida, malas amistades, drogas, licor, sexo desenfrenado a sus trece años.

Me hizo recordar la canción de Ricardo Arjona tu reputación, que a la letra dice “ha hecho más el amor que mi abuela“. Realmente estaba desesperada la mamá.

La frase en mención de esta mujer sin esperanza fue “mi hija se me salió de las manos confieso que no puedo con ella“, no sé en qué momento esta expresión se popularizo en la sociedad, pero no saben el daño que está causando.

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Convertimos a nuestros niños y jóvenes en jabones que se nos salieron de las manos, no somos capaces de corregirlos, educarlos, amarlos en valores. Desde que se mal entendió que ha nuestros hijos hay que disciplinarlos, muchos papas les tienen miedo a sus hijos, no son capaces de ponerles límites con una finalidad de aprendizaje.

Mi profesora de psicología evolutiva Ana Plaza, dice “que la disciplina es recibir una enseñanza del otro, educar acompañado con firmeza, cariño y respeto” la vida tiene y necesita límites. Tareas con sentido.

Esta sociedad se nos desordenó, necesita corrección, disciplina, límites, para eso necesita ser escuchada, analizar en el fondo cuáles son los factores que causan todas estas problemáticas. Rousseau lo dijo; el hombre nace bueno la sociedad lo corrompe, lo que hay que determinar en qué momento se rompió y los ingredientes que lo generaron.

Todo mundo cree que puede hacer lo que le dé la gana, abusa y maltrata del otro como cosa normal, el vivo vive del bobo, si te robo es culpa tuya porque diste papaya.

Apenas estamos levantándonos de una tragedia en tasajera, por aprovechar la calamidad del otro, ya por Cartagena desvalijan un carro de alimentos. Tenemos una sociedad enferma sin principios ni valores, esto no solo en las familias, la semana pasada escribía una columna del departamento de la guajira siendo un adulto mayor por la edad, pero que terminaba siendo un adolescente jabón que se le salió de las manos a nuestros políticos y dirigentes que no saben para dónde va, ni la corrigen ni la educan.

Nos tocó ponernos los pantalones como decía mi abuela, empezar a retomar las normas, la disciplina, la formación, la reflexión, ante todo, la corrección.

Tenemos que establecer límites claros para todos, los chicos que respeten la autoridad de los padres, que cuando digan a dormir sea a dormir, hoy no vas a esa fiesta por los peligros que hay, primero los estudios después noviazgo, cosas así por el estilo.

Hay que rescatar esa figura de autoridad y respeto como son los papas.

A nuestros políticos, hay que rescatar la imagen de honestidad y respeto que se necesita para retomar las riendas de nuestra región, que al realizar un proyecto se pregunten, eso va aporta al desarrollo de nuestra región, vamos escuchar a la comunidad si es conveniente ese proyecto, no perjudicamos a nadie con esa idea, no desfalco el presupuesto, son factores a tener en cuenta.

Ya está bueno de pensar que tengo permiso de tomar los recursos de mi pueblo para hacer feria, como político.

El investigador y maestro Guillermo Bustamante “plantea que cada problema es una oportunidad de formar y transformar“, nos llegó el momento de tomar todas estas variables y ponerlas a nuestro favor, pero nos toca retomar el poder del amor y la disciplina.

Debemos retomar el autocontrol, la autorregulación, la empatía, que la gente entienda que todo no se puede hacer, que lo que perjudica y daña al otro no es permitido en nuestra vida. Que yo merezco respeto, pero el otro también, que tiene derechos como yo y que deben defenderse, con esto no tendremos tantos abusos.

La sublimación en psicología es tomar algo horrible y transformarlo en algo hermoso. Esto es lo que debemos hacer con nuestra región y sociedad para salvarlas de este atolladero.

Poder decir con orgullo, ya no tenemos jabones en nuestras familias y en nuestra Región.

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