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Nuestra alma mater es un patrimonio regional y así lo reconocemos por los aportes que la misma ha realizado al departamento. Desde la década de los 70 y los 80, donde se logró trasformar una realidad que era desierta descrita en una bonanza fugitiva conocida como la marimbera, la cual dejó sembrada: muerte y pobreza, porque nacieron con ella antivalores definidos en una riqueza falsa, convertidas en planes de vidas facilistas.

Con la presencia de la Universidad y el esfuerzo de un puñado de hombres y mujeres que no se resignaban a ver morir su pueblo en la ignorancia, comenzaron a transfigurar la inopia en conocimiento y a construir un camino hacia la sensatez. En esos momentos difíciles la universidad comenzó a liderar un nuevo horizonte cargado de sueños para formar a hombres y mujeres guajiros con propósitos, en ese momento se comenzó a ver la luz al final del túnel. Hoy se necesita una nueva acción enfocada en la esperanza.

En la columna pasada elevaba con espíritu de altura una acción necesaria y urgente en cabeza de nuestra amada institución, como en otros tiempos se consiguió marcar un camino de esperanza y propósito. Hoy se necesita que nuestra alma mater tome el liderazgo para construir una red de esperanza ante los problemas mentales que deja este crítico momento enfocado en el conocimiento atesorado por esta institución producto de la experiencia que dejan los años de formación e investigación en los programas de trabajo social y psicología.

Me llenó de orgullo en estos días escuchar de voz del rector la excelente noticia que atraía la expectativa con la certificación en calidad del programa de educación física. Este acontecer fija el llamado a intervenir como actor válido en los actuales momentos de zozobra, cuando estamos encerrados mentalmente en un sentimiento de angustia, miedo y desolación, porque estamos viendo partir a familiares y amigos cercanos sin poder vivir el duelo, que para nuestra cultura es de mucho significado.

Extraigo de la enseñanza bíblica la parábola del sembrador, “si esparcimos la semilla en tierra árida de seguro no habrá fruto, si la sembramos en terreno arenoso corremos el riesgo de no cosechar, pero si sembramos en tierra fértil de seguro tendremos cosecha”. Me refiero al hoy, donde el sembrado del amor y el compromiso, profesado por los guajiros hacia nuestra universidad de quien esperamos frutos recolectados en el conocimiento para poder sobrevivir en momentos de carestía, por eso volvemos la mirada al beneficio que deja el discernimiento y compromiso social.

Este llamado tiene la intención fraterna de motivar a un actor del desarrollo regional que en otros tiempos logró cambiar la historia para bien y que hoy está llamado a reconstruir la fe y la esperanza de un pueblo que muere con sus muertos, porque no puede despedirlo y hacerle el duelo dejando emplazado parte de nuestras costumbres por la ausencia de quienes no volveremos a ver. Este modo de vivencia de usos y costumbres tiene una afectación emocional que amenaza con convertirse en una enfermedad mental, de no tener las ayudas necesarias en apoyos psicosociales que nos sitúe a vivir la realidad en las circunstancias actuales.

El turno está cedido para una respuesta de parte de nuestra universidad, esperamos interpretar como guajiros el afecto manifiesto en esta frase, “amor con amor se paga”, para salir al camino en búsqueda de una red comunitaria de apoyo psicosocial, donde podamos participar los actores de la sociedad civil que tengan el interés y el compromiso con el territorio.

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