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Esa mañana despertó sintiéndose ser una persona diferente, realizada profesionalmente, la suntuosa ceremonia de la noche anterior, le indicaba que entraba en un grupo de la sociedad, que muy a pesar de no ser doctores, las costumbres denominativas de algunos lugares pretendían darle ese reconocimiento. Su precocidad la habían convertido hace algunos años, en lo que hoy un “papel” le decía que era.

La sociedad líquida que describió Bauman, le hacen recordar a la nueva ‘doctora’ que las adaptaciones en este mundo, mas parecen predicados de vivir la vida que otros quieren, y que los reales propósitos de nuestra creación, se han perdido entre redes sociales, entre acomodados humanos, que hoy pueden ser rojos, mañana azules, y otro día verde, pero en el fondo siempre serán grises, y ella se expone por recuperar las tonalidades del arcoíris.

María Fonseca, en su primer día de ejercicio profesional, acude presurosa a presentar una solicitud en algún Juzgado de Riohacha, aún quedan cerca del mar, quizás la brisa marina permite en algún momento pensar que se está en un espacio de calma.

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Su llegada al despacho judicial con algunos conceptos que había aprendido en la carrera, la hacían estar ansiosa por poner en práctica todo ese conocimiento, propio del contexto académico, María es una convencida que el realismo jurídico, encuentra un predicado especial en el lugar donde se administra justicia.

Sin embargo, su primer contacto investida de una categoría profesional, no fue precisamente una experiencia a destacar, cuando tras una extensa y pormenorizada idea sobre una acción de la que pretendía tener información, una voz en el fondo del despacho, algo mayor parecía, le interrumpió indicando “ciertamente doctora, pero acá las cosas son de otra forma, deje el escrito o revise el expediente”.

Esas palabras a María, no le sonaron a ninguna clase que pudiera haber escuchado, se sintió en un lugar equivocado de aquel descrito en los artículos de la Constitución. Sin mayores precisiones, la voz se perdió en los espacios del Juzgado, y no sucedió más nada, solo uno de los jóvenes que se encontraban de espaldas a ella, pero absorto en un computador, pausó el rápido teclado, y volteó a mirarla, como quien se busca en el futuro sabiendo la realidad que le espera, con los hombros levantados y un ademán, pareció decirle bienvenida a la realidad.

Con una idea entre decepción y confusión, acudió a la Alcaldía, que se encontraba a varias calles de allí, quiso caminar, creyó que su nuevo aire debía exponerse al mundo. A su llegada tuvo la sensación de un peregrinaje en tiempos medievales, como aquellos súbditos que acuden a rendir pleitesía a su rey, en busca de su benevolencia, a rogar para que en su magnificencia los tenga en cuenta, o simplemente escuchen sus quejas.

No fue el mejor primer día de una aventura profesional, algo contradictorio de lo que en sus días de estudio le enseñaban sobre la forma de cómo funciona el Estado y la Justicia en particular, de hecho, ese primer día, le llevó a un momento años atrás, aquellos en los que un antiguo jefe le regaló dos textos de Kafka.

En uno leyó sobre la forma como el autor exponía una Justicia, irreal, sin cimientos y caprichosa, el otro, de cómo en un lugar particular, se muestra una estructura de sociedad donde quienes dan cuenta de las labores administrativas bajo cargos burocráticos, parecen figuras lejanas, casi que dioses, que, al margen de sus funciones, estuviesen para ser adorados.

Sin embargo, ese día María recordó con suma precisión, que el Estado no era eso que había percibido, preciso la letra fina como venía definido en la Constitución, con los propósitos desde sus Instituciones, incluso desde la simple pero poderosa idea de entender la justicia como la expresión y anhelo más importante del derecho, tenían un factor en común, es la disposición del ser humano, y no perderse en lo que parece entenderse como una idea mecánica e impropia del servicio.

María, ese día comprendió que había iniciado el verdadero camino del aprendizaje, que la estructura sobre la que se sustentaba la idea de lo que es, debe encaminarse por ejercicios individuales a lo que debe ser, para que todas las voluntades se encuentren en ese camino, y el Estado como la Justicia, dejen de ser predicados de seres superiores y actos mecánicos, y se conviertan en acciones de humanos para servir, y que el derecho retome sus fueros por una sociedad mejor, con esa idea se despierta cada día.