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Todo ser humano a lo largo de su vida pasa por determinadas situaciones; ya sea el fallecimiento de un ser querido, una ruptura amorosa, problemas económicos, despidos y otra serie de acontecimientos que generan tensión, como estrés, ansiedad o depresión. Sin embargo, existen estudios que revelan que la pandemia y el confinamiento por el coronavirus han aumentado los síntomas de ansiedad y depresión en la población.

Si bien, es inevitable que surjan acontecimientos externos que están fuera de nuestro control; como es el caso de una pandemia, podemos controlar los pensamientos que se tienen al respecto. Las emociones no están determinadas por los sucesos en sí, sino por cómo estos son interpretados por el individuo. Debemos ser conscientes de que somos dueños de nuestras emociones y podemos elegir cómo controlarlas.

Es normal sentirse tristes y ansiosos ante situaciones estresantes, pero cuando esos sentimientos son intensos, excesivos y persistentes puede volverse patológico y, por ende, afectar la salud mental. 

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La depresión es un trastorno del estado del ánimo que acompañado de unos síntomas infiere en la funcionalidad de la persona, además no es igual en todos los casos, los síntomas pueden variar en cada persona, y existen diferentes tipos de depresión.

Algunos de los síntomas son: tristeza intensa y persistente, pérdida de energía, irritabilidad, sentimientos de culpa o fracaso, dificultad para tomar decisiones, hipersomnia o insomnio. Igualmente, apatía por actividades que antes se disfrutaban, pensamientos de muerte recurrentes, con frecuencia aumento o pérdida de peso.

Por otra parte, la ansiedad es una respuesta mental y física anticipatoria que surge en situaciones percibidas como amenazantes por el sujeto, caracterizada por sentimientos de preocupación y miedo excesivo que se prolonga en el tiempo.

Entre los síntomas más comunes según el DSM, están; preocupación excesiva, dificultad para respirar, hipervigilancia, anticipación de amenazas, sensación de vacío, inseguridad, dificultad en la atención. El conjunto de síntomas surge como señales de alerta cuando sometemos a nuestro ser a vivir situaciones fuera de control o que no queríamos hacer.

Con relación a que la ansiedad y la depresión son síntomas de un alma perdida; aclaro que no se trata de un trastorno ni enfermedad. Desde mi experiencia, considero que, un alma se extravía, cuando inconscientemente, entramos en un estado de vacío existencial, caracterizado por una sensación dolorosa que nos vacía por dentro y sentimos que la vida carece de sentido.

En este estado, la persona no solo se abandona a la idea del sufrimiento, sino que también se desconecta del mundo exterior. La sensación del “algo me falta” lo lleva a la frustración, nada lo llena, no es feliz ni disfruta de lo que hace. Igualmente, siente que la expectativa de su proyecto de vida no se ha cumplido.

La desesperanza hacia el futuro y el desinterés ante cualquier estímulo externo se incrementa, las emociones nublan el pensamiento y la persona no está consciente de su ser. Espera que ese conflicto interno (lucha o resistencia entre el deseo y la realidad) mejore por sí solo, sin que haga nada; olvidando que los problemas no están separados, sino que hacen parte de nosotros.

La ansiedad y depresión ante eventos fortuitos no es nueva, surge por la intensificación de pensamientos y emociones antiguas no gestionados apropiadamente. En cierta medida, el aislamiento nos ha obligado a un encuentro con nosotros mismos, que genera miedo porque implica confrontar, cambiar, soltar cosas, una persona, trabajos, aceptar que no somos felices y que es nuestra responsabilidad.

Si has estado perdido, es momento de verte al espejo, y hacerte las preguntas que no has querido contestar, ¿quién soy? ¿Qué me gusta? ¿Amo mi trabajo o qué me gustaría hacer? ¿Amo y me aman las personas con quienes comparto mi vida?¿Quién me causa tanta presión que vivo bajo sus opiniones?

Con esto tienes para empezar a aclarar tu interior. Igualmente, dejo algunas recomendaciones que pueden ayudar.

Conócete a ti mismo, realiza técnicas de relajación; meditación, yoga, mindfulness o cualquiera de tu preferencia. Vive el presente y acepta tu realidad, trázate metas que puedas lograr, en caso de ser necesario busca ayuda profesional.

Tienes una cita pendiente contigo mismo, ve.

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