Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

Quien se coloque ante la realidad que vive el país, y traze el esquema de la situación política y social presente, no puede sustraerse a una impresión que se definiría con estas palabras: irregularidad en el dinamismo. Si habláramos de la Paz a manera de comentario, esta ha sido siempre uno de los bienes más apetecidos por todos los pueblos; pero esto en que adormece. 

Colombia que con este proceso de los acuerdos de la Habana, no se ha logrado una paz con certeza, sino un nuevo desfallecer para lograrla. Pudo seguirse el modelo de transición entre la violencia y concordia, lograda por Nelson Mandela en Sudáfrica, en busca de la igualdad de derechos entre sus habitantes, guardadas proporciones, en un país con más odios y resentimientos que el nuestro.

Sin embargo ¿qué incongruencias, simpleza e ingenuidad y sin razón en muchas partes para la historia, promete este lánguido acuerdo para la Colombia de nuestros días?

-Publicidad-

El Congreso, en siesta, busca la forma de poder aplazar por un tiempo indefinido, legislar con normas que  beneficien a la mayoría de los ciudadanos de un pueblo que los eligió, delegando su derecho de constituyente primario. El Gobierno aplica soporífero a la vida nacional, con mensajes desde la presidencia mediante los medios de comunicación de Radio y Televisión.

La prensa ensaya en vano las pocas variables contorsiones que de una forma u otra la opinión pública acepta, para aparentar una vida inexistente. Y así, a ver si podemos pasar el confinamiento del coronavirus con la ayuda de Dios.

Toda esta parálisis es una denuncia tanto más elocuente cuanto silenciosa de la complicidad del sistema. Ya apenas queda casi nada de lo que fue otrora un Estado de Derecho, al cual con la nueva Constitución de 1991, en maniobra engañosa se le agregó la coletilla de ‘Social’.

Nuestra Constitución, está repleta de declaraciones de derechos individuales rimbombantes la mayoría de los cuales son palabras que yacen muertas desde que se promulgó la nueva Constitución, con la aplicación tal vez de algún que otro artículo, que la Corte Constitucional interpreta y modifica a su antojo, afán y veleidad, según el interés del gobierno de turno.

El Estado, no obstante defender las supuestas ideas  democráticas en palabras, ya ha percibido que con esos argumentos del sistema de gobierno que lo respalda hace muchos años, no obtiene los resultado para moverse con la misma facilidad propiciada por la ignorancia del pueblo,  decide entre celajes y cortinas retractarse de los malos gobiernos y utiliza estrategias de nuevos planes para continuar en el poder en busca de un cambio para que todo siga igual.

No puede ser ágil y sereno, justo y fuerte, sino un Estado que con su sistema de gobierno se sabe servidor de una misión en la vida social de la comunidad. Sin esa convicción interior de la clase dirigente, la historia en una sucesión de bandazos entre las épocas de severidad, siempre violenta y siempre abusiva, no halla justificación  por ningún principio superior diferente al derecho y la justicia.

 

-Publicidad-