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Dice el refrán: “(…) “El que no oye consejo no llega a viejo” advierte primero que una persona sin humildad para considerar el consejo de alguien sensato, está expuesta al fracaso de su objetivo, sea del alcance que sea. Segundo, enseña que es de sabios saber escuchar, y que eso garantiza el buen desarrollo de la vida. (…)”.

Encontrándome una tarde, a principios de los 80, sentado en una mecedora debajo de un almendro que proporcionaba una sombra que provocaba esperar la noche, estando un poco adormecido, me tocan la cabeza y escucho: “ombe monito, estás planeando tu próxima maldad” abrí los ojos y me reí un poco, quien me lo decía, no era aquél, al que debía prestarle atención a sus necias y comprometedoras palabras, por lo que le respondí: “una cosa es lo que piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”.

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Una tarde en Riohacha, llegando a visitar a uno de mis amigos, le comenté que tenía proyectado regresarme a la ciudad para montar un negocio y a la vez poder estudiar una carrera universitaria, que todo el día me lo había pasado haciendo el proyecto de mercado, por lo cual me respondió: “compadre, cómo va a ser posible que nosotros queremos estar en Santa Marta o Barranquilla para poder estudiar y usted, que está allá, se va a regresar…”.

Ambas situaciones, las pude sortear. Comprendí con la primera que no podía quedarme bailando al son de la música que los demás quisieran. En cambio, la segunda, tenía toda la razón, Riohacha en esa oportunidad, solo contaba con la universidad de La Guajira que arrancaba con pocas facultades y si existía otra, la matrícula era para muchos inalcanzable, había que pagarla chan con chan. Ahí se cumplía la frase popular de este 2020 “Quédate en casa”.

En estos tiempos, donde observamos la situación económica, social, política y laboral, convertida en un vaivén de hamaca y no por culpa de la pandemia, considero sin lugar a equívocos, que los jóvenes y personas adultas que continúan sin rumbo, reflexionen, las oportunidades siempre estarán a nuestro alcance, cuando se logren, hay que saber aprovecharlas.

Aprendamos a escuchar, a quienes nos dan un buen consejo, aquellos que creen, nos merecemos un mejor porvenir, no subestimen a quien les habla con sinceridad y que observa la realidad desde su propio ámbito, experiencia, no importando la edad, estrato, nivel académico, etc.

Por lo anterior, debemos partir de la premisa que, “no tenemos las siete vidas del gato”, aunque es un decir, todos gozamos de una sola existencia física. Todos somos conscientes del tiempo que transcurre para poder levantarnos de nuevo, situación que deberíamos evitar, dejando el ego, la soberbia, terquedad, sobra decir, los oídos sordos.

Observar a un amigo venir en declive, tanto del orden familiar como social, por desajustarse de la disciplina que se enmarcaba en él, causa sentimiento, nos envuelve la nostalgia, añoramos el pasado con tal de recordarlo en la otrora época, es como reflejar el problema en un hermano. Así es, bien decía uno de los grandes cantantes de la salsa, Cheo Feliciano y su famosa frase ‘Familia’, con justa razón, así veía él, a sus amigos y esos, son los amigos de verdad.

El ser humano posee cualidades que a veces no asoman, son desconocidas, solo una gran motivación y los deseos de hacerlo, de enfrentarse a ese proyecto de bienestar o corrección de vida, con perseverancia, dedicación y el apoyo de quienes están a su alrededor, sean familiares o amigos, logrará encajar y obtener el reconocimiento incluso, de aquellos cuyo trato hacia él, era indiferente. ¡Por eso la importancia que, Aprendamos a Escuchar!