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Han pasado cien años, se ve en ese momento como una espectadora a quien se le permite observar la sociedad, en una especie de visión para poder entender la relevancia o no del tiempo, en tanto pueda estar acuñado a buenos momentos, o prácticas simples de comportamientos que se exigen por las coyunturas de cada época.

Por alguna razón especial, Mary, actúa como espectadora de una época en años siguientes a su actualidad, pasa como quien tiene la posibilidad de ser visionaria, en forma activa y real. Los momentos la llevan a varias ciudades, donde puede concretar elementos comunes que aún se mantiene de esa época en la que ella vive.

Esta visión del mundo dentro de un siglo, le permitió anotar realidades que muy a pesar de cambiar de actores, las banalidades instintivas en gustos se mantenían, de hecho, Mary notó, que las redes sociales eran tan determinantes que el número de seguidores, casi que consignaban el triunfo sobre uno u otro candidato.

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Como hecho curioso en su “viaje”, observó que las riquezas en el departamento de La Guajira se habían agotado, y no se encontraba en sus tierras un solo destello de inversión, sobre lo que en otrora la mayoría de la clase política predicaba como un hecho a resaltar.

Mary, en sus variados pasajes, escudriñaba entre escenas, que alguna de ellas le permitiera saber la suerte de un mal que aquejaba en su tiempo, quería saber si eso había cambiado.

Así entonces se vio en un lugar, que por su estructura parecía un centro médico, a pesar de haber intentado interactuar, estaba limitada a ver imágenes y escuchar una que otra conversación.

Así que decidió con paciencia quedar en ese momento y lugar a efectos de encontrar una respuesta a ese interés que se suscitó en su “viaje”. En espera, como quien con turno en mano aguarda el llamado, notó que una niña que quizás le hizo recordar a ella, con aparente rostro triste, pero bajo una compañía sensacional de personas que, con abrazos y besos, le indicaban que el enemigo era pasajero. Pudo notar que una enfermera le aplicaba una inyección a la niña, y luego daba algunas recomendaciones a quienes la acompañaban.

Escuchó dos cosas que casi la hacen correr con afanes de alegría, la denominación de la “enfermedad” bajo el mismo predicado de un signo zodiacal, pero con efectos más marcados que las estrellas en las casas, para anunciar una suerte de futuro.

La enfermera indicaba que, con la inyección, y las precauciones anotadas, resultaba suficiente para eliminarlo, como si tratase de una simple gripa, de hecho, más tarde Mary, con algún repaso por los pasillos del centro médico, pudo entender que no era más que eso.

Se encontró de nuevo en su cama, con los ojos entre abiertos, como quien pretende entender si lo que se acaba de “vivir” se quedaba en un mero sueño, o resultó ser un ejercicio real por una enseñanza.

Mary, advirtió algo cuando despertó, no estuvo sola en el “viaje”, una mano cálida la acompañaba, pero era una parte del cuerpo, que, recordando, si la detenías a ver había muchas manos más, como quien, en un solo cuerpo se compone de muchos más.

Y supo que su experiencia fue un diseño de mundo, que le permitió entender algo sobre el tiempo y la felicidad en este espacio, esto es, que desde tu llegada hasta que te vas, la “dicha” no se concreta por el número de velas que soples en tu último pastel, sino por el simple ejercicio de disfrutar, en compañía, en soledad, con pocas o muchas manos, los pocos o muchos años que se te ofrezcan para vivir, en ello está el secreto.

Pudo ver después de 100 años, las mismas discusiones sobre elecciones inoficiosas y razones de poderes ocultos; ver después de 100 años recursos agotados, y mentiras descubiertas, y ver después de 100 años triunfos significativos.

Pero por encima de eso, pudo entender, que no se necesitan 100 años para atesorar lo que hoy tenía, una posibilidad de vivir, y eso era suficiente, más cuando seres maravillosos, con sus abrazos, tiempos y manos, daban cuenta de un camino que puede ser grato en recorrer.

“En honor a quienes luchan contra el cáncer, pero también en honor a quienes, con sus abrazos sinceros, enseñan que no se necesitan 100 años para sonreírle a un enemigo cuya batalla, ya ha sido ganada por ellos”.

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