Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

El pasado 26 de febrero se cumplieron 50 años de un hecho que la historia tomó como representativo de lo que se conoció como el programa mínimo de los estudiantes colombianos, y el intenso movimiento estudiantil que se desarrolló a lo largo y ancho de todo el país.

En esa fecha, las siempre denominadas ‘fuerzas del orden’ masacraron a estudiantes de la universidad del Valle; algunos medios fijaron la cifra en siete muertos, otros hablaron de quince, y otros elevaron el número a veinte. Ese mismo día el Presidente Misael Pastrana mediante el decreto 250 implantó el estado de sitio en todo el país. Ayer, como hoy, las fuerzas represivas del Estado reprimieron la movilización social.

-Publicidad-
-Publicidad-

La masacre se constituyó en la gota que derramó el vaso. El movimiento estudiantil aunque un tanto disperso, venía estructurándose a nivel intrauniversitario, las organizaciones de base cuestionaban el funcionamiento del sistema universitario, la injerencia del capital extranjero en su financiamiento y en el condicionamiento que por ende se le hacía a la universidad como tal.

Se cuestionaba la participación de los gremios económicos, la curia y hasta fundaciones extranjeras en la dirección de la universidad pública, y el papel que se le daba a la universidad como simple reproductora de la técnica y la mano de obra que demandaba el gran capital.  

En los años sesenta y comienzos de los setenta la universidad colombiana se inspiró en el modelo norteamericano de educación que buscaba la vinculación de la educación superior al mundo productivo a través de la promoción de la investigación. Los rectores recogieron la idea en el denominado Plan Básico de la Educación Superior, documento que tenía como soporte el llamado Informe Atcon, que era un reconocido norteamericano asesor de la Unesco.

Los estudiantes rechazaron todo esto por las condicionalidades que el apoyo estadounidense implicaba tanto al plano académico como al administrativo y comenzaron a elaborar en los denominados Encuentros Nacionales Universitarios lo que sería el Programa Mínimo del Movimiento Nacional Estudiantil.

Ese programa mínimo contenía entre sus puntos básicos, el cogobierno universitario que consistía en el gobierno universitario por comisiones paritarias de profesores y estudiantes sin la participación de fuerzas externas como el clero y los gremios económicos, establecimiento de un sistema democrático para la elección de autoridades universitarias en los establecimientos públicos y privados, financiamiento estatal de la universidad sin los préstamos internacionales condicionados, libertad de cátedra, control oficial a las universidades privadas, supresión del Icfes, etc.

El estudiantado se movilizó como nunca antes lo había hecho con la participación de las principales universidades públicas del país y algunas privadas. Los concejos estudiantiles tuvieron que pasar a la clandestinidad porque así lo quiso el gobierno y sus medidas de conmoción interior o estado de sitio previstos en la constitución de 1986.

Los principales dirigentes estudiantiles fueron buscados casa por casa y aula por aula. Pero los encuentros nacionales continuaron, las asambleas siguieron discutiendo el futuro de la educación y las protestas con la piedra como elemento primordial, también continuaron.

La universidad de La Guajira no había nacido aún, pero uno de los dirigentes estudiantiles que más se destacó en el país fue el ahora Exsenador de la República y Exministro Amylkar Acosta Medina, quien desde la universidad de Antioquia se convirtió en motor del movimiento nacional. Con Marcelo Torres en la universidad Nacional, Morris Ackerman en la del Valle, Camilo González, Leonardo Posada y Ricardo Mosquera, entre otros, dirigieron la principal gesta estudiantil del siglo XX.

No era cosa fácil, porque primaba la dirección política del movimiento. El debate ideológico era guía de la acción y este se dio alrededor del Programa Mínimo. Pronunciamientos que iban y venían de las diferentes facciones políticas: la JUPA, la JUCO, la Revolución Socialista, Comandos Camilistas, etc. Marx, Lenin, Mao y hasta los partidos tradicionales colombianos tuvieron espacio para el debate.

Terminó predominando la Juventud Patriótica JUPA, brazo juvenil del MOIR que, aunque reconocía la importancia de luchar por ganar posiciones de poder dentro de la universidad ‘burguesa’, solo veía esta acción política como un medio para construir progresivamente las condiciones para el socialismo.

Al fin el cogobierno se logró en las universidad Nacional y en la universidad de Antioquia. En esta última fueron elegidos los entonces estudiantes Amylkar Acosta Medina y su fórmula Carlos Payares, cienaguero de nacimiento. Fue un triunfo de las bases estudiantiles, pero al fin y al cabo también fue efímero pues el cogobierno acabó en pleno 1972 por las condiciones del estado de excepción en que recurrentemente se mantenía el país.

Sin embargo, las discusiones adelantadas y la difusión de las ideas centrales de lo que es la autonomía universitaria sirvieron para que hoy en día las ideas de antes, sean realidades. Hay una diferencia larga entre la universidad de 1971 y la universidad de hoy, libertad de cátedra y autonomía incluidas.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here