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En tierras de arenas sedosas y brisas fuertes, en el norte de La Guajira, a escondidas de una sociedad que señala, se llevó a cabo en cierta ocasión una reunión de mujeres bajo sospecha de actos inapropiados y desobediencia. Noches de lunas amplias, que con un cielo despejado, sirvió de testigo e iluminación para los pensamientos de ese grupo particular.

Llegada la hora fueron convocadas a su propósito, con cierto misterio en sus ojos, y peinados definidos, en el centro de aquel desierto la reunión se dio, y bajo místicas ropas, el circulo que con sus cuerpos ofrecían a ese marco, inicio cuando la mayor tomo la palabra, Claudia, era su nombre, no la más alta, sí quizás la más fresca y desprendidas de las cadenas imaginarias de una sociedad.

Una vez tuvo inicio el asunto, y cuando sus propósitos quedaron expuestos, las supuestas pócimas, las ocultas recetas, las letras prohibidas, tomaron formas de textos que invitan a las ideas, a la exigencia de libertades, y a la emancipación de las mentes.

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Con el transcurrir de la reunión, y tras advertir que las alegorías sobre las integrantes solo eran mentiras, La noche se hizo más clara, sus rostros más naturales, y lo que parecía un círculo misterioso con propósitos oscuros, se transformó en una convención por la dignidad y la lucha de quienes exigen la realidad de una sociedad sin miramientos.

Entre tanto, en el reino de los desesperados, generaba preocupación la ausencia inexplicable de un grupo significativo de sus miembros, por lo que el poseedor de esas tierras, decidió emprender una búsqueda, y de ser necesario castigos a quienes habían osado salirse del redil de las ideas “bien concebidas”, que mantenían a una sociedad bajo las líneas que la historia había querido.

La opacidad de ese reino, y de justificar la continuidad de su esencia bajo discursos que acuden al miedo y a datos mentirosos, parecían, ya no eran suficientes para pensar que el estado de quietud podía perdurar por los siglos de los siglos, o hasta que el sol se trague el universo, como en la idea de Zaratustra.

Pero igual que en la historia del Alemán, las palabras del gran Emperador oculto tras del Rey, resultaban chocantes y de poco recibo, ya causaban en los estómagos de los plebeyos y otros preocupados por la prosperidad real del reino, un malestar, las semillas estaban podridas, algunas secas y no estaban destinadas a producir frutos, y por eso eran dadas como alimento.

La historia de triunfos y aplacamiento sobre aquel grupo en el desierto eran alentadoras en los diarios del reino, de avances y consolidaciones de ideas viejas y alejadas del sentido humano, esos eran los nutrientes de administradores camaleónicos que habían perdurado bajo distintos nombres durante el tiempo de los desesperados.

Pero la realidad era otra, con bajas, pero pasos firmes, la ideas y discusiones críticas ganaron un espacio en aquellas tierras, lo que inició como un grito de auxilio y anhelo, se había convertido en un embullo que cada día era más preocupante en los odios de los desesperados, quienes acudían a revivir viejas promesas y miedos ante sus súbditos.

Esa realidad oculta, y la constitución firme de aquellas mujeres que dejaron de verse sobre escobas y rostros verdes, para mostrarse con sus brazos hacia el cielo, y voces sólidas que llegaron a los “diferentes” en el reino, era lo cierto.

Sin que fuera algo que los desesperados notaran, las migraciones hacia el desierto fueron más constantes, ahora no solo mujeres, se veían romerías de excluidos, de los pensadores distintos, de los que encontraban cansados de las verdades maquilladas, de los que solo representaban un número.

Lo curioso es que ya el lugar no era lo que describían, a su llegada los caminantes se encontraron con verdes montañas, ríos caudalosos, y un cielo blanco y luminoso, como en un domingo de abril.

Desde entonces todos están en la montaña, sin perder de vista el reino, esperando que el muro se derrumbe por las acciones que día con día emprenden, recordando a los olvidados que en ese lugar aún siguen siendo presa del temor, de la mentira, siendo conscientes que el reino pronto será una montaña bajo los matices que lo hagan una democracia y no el imperio que es.

Ese grupo ahora sabe que no se trata de una lucha de hombres vs mujeres, sino de un trabajo común de seres humanos por sentirse incluidos, donde el poder no sea un culto anclado en el miedo.

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