Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-

Un 24 de marzo a la media noche inició el Aislamiento Preventivo Obligatorio o cuarentena decretado por el gobierno colombiano, la pandemia ya era un hecho en nuestro país. Entramos en un período de distanciamiento social acompañado de medidas sanitarias para prevenir el contagio de la Covid-19.

Recuerdo haber recorrido varias comunidades socializando acerca de los cuidados que debíamos tener en casa y la principal preocupación de las familias wayuu en ese momento era no contar con suficiente provisión. Sin embargo, esto apenas empezaba, pronto tendríamos que enfrentar cambios en nuestra rutina, reinventarnos y superar miedos.

Días atrás, el mercado público de Riohacha estaba lleno de mochilas wayuu, las ‘paisanas’ como de costumbre llegaban temprano a la casa indígena a vender sus artesanías, desde mochilas, gazas y llaveros. Igualmente, era común ver la avenida marina adornada de coloridas mochilas, ahora solo se escuchan las olas del mar chocar contra los ‘espolones’, tras la soledad que dejaron los turistas que solían recorrer nuestras playas, ya no se escucha la música en los bares y restaurantes, ni las risas que armonizaban los corredores de nuestra ciudad.

-Publicidad-

En Mayapo por ejemplo, de viernes a domingo solíamos ver niños wayuu corriendo sonrientes ofreciendo manillas, señoras y jóvenes caminando por la playa recorriendo los kioscos con mochilas en los brazos. Pero un día un virus llamado ‘corona’ cambió todo, limitó totalmente la libre circulación a la ciudad, los negocios cerraron, arruinó planes y nos obligó a aislarnos físicamente. No estábamos preparados para una pandemia, mucho menos para permanecer en cuarentena por eso experimentamos miedo, ansiedad, frustración y estrés.

Sí, la Covid-19 ha afectado a todos, nos hizo guardar las mochilas, y nos vimos en la necesidad de reinventarnos, de buscar soluciones para salir adelante. Es importante tener en cuenta que las familias wayuu desde años atrás han sobrevivido a difíciles situaciones que muchos conocen, como la pobreza, la sequía en los territorios, la falta de educación y otras situaciones, por ende, son personas resilientes, tienen esa capacidad de recuperarse ante las situaciones más difíciles de la vida.

Muchos se preguntarán ¿Qué están haciendo las artesanas wayuu durante la cuarentena? ¿Qué pasó con las mochilas? ¿Cómo están sobreviviendo? La respuesta no es sencilla, pero sí inspiradora. Unas están descubriendo nuevas habilidades, porque, aunque las agujas estén suspendidas por falta de hilos (materia prima) las manos continúan creando.

Otras están apoyando a sus esposos pescadores a comercializar sus productos en las comunidades, algunas ayudan a pastorear su rebaño (fuente de ingreso) con la esperanza de salvar unos cuantos, pues, la sequía ha provocado la muerte y migración de centenares de animales.

Finalmente, están aquellas que se encuentran creando nuevos diseños para ofrecer al mercado cuando todo esto pase y despertar un día con la sorpresa de que el ‘corona’ ha desaparecido, ese es el sueño de la mayoría de las mujeres artesanas.

Cuando todo termine y las cifras arrojen cero contagiados, podremos sacar de nuevo las mochilas y retomar nuestras labores, pero esta vez, con más ahínco y esperanza, quizá a muchos nos toque iniciar de nuevo, o simplemente materializar esa idea que durante la cuarentena salió a flote. Pero lo más importante será poner en práctica la lección aprendida; amar más, abrazar con libertad, dejar lo material en segundo plano, cuidar a nuestros niños y ancianos, vivir la vida plenamente.

Así, darle gracias a nuestro creador por la vida y los seres queridos, eso es lo esencial para tener una existencia plena y con sentido. Materializa tus ideas y aprende de nuestras talentosas artesanas que: «No solo de mochilas viven, sino de toda idea que salga de su mente».