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El Departamento Administrativo Nacional de Estadística –Dane- es el organismo encargado de levantar, procesar, analizar y difundir las estadísticas oficiales de Colombia. Cuando el Dane difunde un estudio socioeconómico es como si nos estuviera dando indicios de cómo va el país y cómo va nuestra región.

Igual pasa con las firmas comerciales que a través de encuestas nos van cantando lo que opina la gente sobre sus gobernantes, sobre las instituciones y sobre los temas capaces de mover el imaginario colectivo o los problemas sensibles a la ciudadanía.

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El último informe conocido del Dane tiene que ver con la medición de la pobreza multidimensional que se hace estimando las privaciones de los hogares en educación, salud, condiciones de la vivienda, mercado laboral y primera infancia y juventud. Aquí no se mide la pobreza según el ingreso monetario sino según las necesidades no cubierta de los hogares, o si lo decimos de otra forma es una medida de aproximación del no goce de un conjunto de derechos, y por eso, pienso, es más importante para visionar como vive la gente.

Según el Dane, para el 2020, el 18.1 % de la población nacional se encuentra en situación de pobreza multidimensional; pero el número de personas residentes en lo que llaman centros poblados y rural disperso es tres veces mayor que el de las cabeceras municipales, lo que ratifica esa diferencia extrema que existe entre los sectores urbano y rural. Y en La Guajira, ¿cómo nos fue? Nada nuevo.

El IPM ( Índice de Pobreza Multidimensional) para La Guajira en el 2020 se estima en 51.7 %, bien lejos de la media nacional y apenas superando a Vaupés, Guainía y Vichada. Hasta el Chocó, con quien siempre nos comparábamos, es menos pobre que nuestro “rico” Departamento de La Guajira. Pero no hay punto de comparación entre estos departamentos (Vaupés, Guainía y Vichada) y el nuestro:

Entre los tres tienen menos de 200.000 habitantes y sus PIBs sumados son apenas la décima parte del PIB guajiro. No estamos lejos de la verdad si aseguramos que en cuanto a pobreza multidimensional somos los más pobres del país.

Gracias al Dane, podemos decir hoy que los millones tras millones anuales que hemos recibido y malgastado provenientes de regalías del carbón desde los años ochenta, no han sido capaces de cambiar la situación de miseria en que se debate más del 50 % de la población.

Y entonces ¿por qué nos ufanamos de ser un departamento rico? Ni las estadísticas del carbón exportado sirven para convencernos de lo contrario porque no hacemos control social y dejamos que los gobernantes dilapiden los recursos públicos. Por eso también somos tan responsables como ellos. Mea Culpa.

Igualmente, en los últimos días se ha conocido una publicación de la firma Datexco con los resultados de la investigación que llaman Pulso País, encuestas de opinión realizadas en todo el país con un margen de error del 3.3 % y que nos dejan un agrio sabor de boca al conocer la llamada desfavorabilidad de los mandatarios y el grado de confianza en las instituciones nacionales.

Nuestro presidente Iván Duque sigue con su imagen desfavorable por encima del 70 %, lo cual dejó ya de ser noticia y más bien se espera que siga subiendo dado que su actitud hoy, no es la de tratar de salvar su gobierno sino de asegurar el próximo y de ahí la entrega de  contentillos a sus amigos copartidarios.

Pero dice la encuesta que la desconfianza en las instituciones se mueve por niveles que asustan: los denominados órganos de control que actualmente funcionan como brazos del ejecutivo (Contraloría, Procuraduría y Defensoría del Pueblo) muestran imágenes desfavorables que rondan el 70 %.

La Corte Suprema de Justicia con su “cartel de la toga” a cuestas muestra imagen desfavorable del 68 % y el Congreso de la República y los Partidos Políticos, azotados por los índices de corrupción en sus filas, tienen imágenes desfavorables superiores al 80 %. 

Es decir, la gente no confía ni en sus gobernantes, ni en las instituciones, ni en los partidos políticos. Algo habrá que hacer para que resurja la confianza necesaria para el desarrollo. Y la corrupción parece ser el factor jalonador del descontento social. Ya todos sabemos porque se dan los movimientos como el paro nacional que comenzó en abril. Es que el país y sus regiones, demandan cambios profundos.