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Todo este espectáculo de la prevención contra el Covid-19, presenta otro lado serio y triste. El Centro Democrático, o mejor dicho su jefe, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, que es lo único interesante de ese movimiento, al paso que va toma la recta final del fracaso definitivo.

Otros se alegrarán al recoger este hecho. Yo no podría hacer lo mismo, pues siempre he manifestado reiterada simpatía por el señor presidente Iván Duque actual tácito virtual del Centro Democrático, -en quien adivino oprimida decisión al actuar-, por influencias ‘extrañas’, una personalidad dócil y obediente.

Padece Colombia demasiada penuria de personas para que nadie pueda regocijarse con el desperdicio de un valor humano sobresaliente si lo dejarán gobernar sin condiciones de obligatorio cumplimiento.

Y el doctor Iván Duque lleva el camino de ser un valor malogrado. Es tal vez por esto: por no tener el tino y el valor de elegir el instante de la decisión definitiva. Se ha deleitado en esa estrategia peligrosa de mezclarse con toda clase de gentes que le alaban su vanidad.

Y ahora, cuando la táctica profunda de los grandes destinos aconsejaría romper, no rompe. Hace mal; por mucho que esto dure, ¿qué va a durar?, ¿tres, cinco meses, un año?. Y cuando pase su acertada conducción en esta cuarentena, ¿qué favor o ayuda va alegar el presidente Duque ante las masas que le dio el voto y los que le agradecen sus transitorios servicios en esta pandemia, o qué nuevas esperanzas va alimentar?

En lo que lleva de gobierno es poco el contenido social que ha hecho -con la salvedad en bien de la comunidad de su decidida acción contra el Coronavirus-; no ha hecho nada visible en un sentido fuertemente nacional.

¡Ah! pudo haber ganado en este breve tiempo la mejor de las banderas: la de la decencia pública. Tal vez pueda imaginar y decir: «Vedlo: lo he arriesgado todo-, predominio parlamentario, participación gubernamental- por el decoro de la política colombiana».

Le ha faltado corazón (al menos con La Guajira y otras regiones pobres), en el momento definitivo y ha preferido ser ‘hábil’, en la forma como hace sus exhibiciones en los medios de comunicaciones, lo cual en la grandes ocasiones de la política, suele ser, como en esta oportunidad de mucha utilidad para futuros hechos económicos sociales. No puede ser que todo el mundo se haya puesto de acuerdo para criticar al gobierno.

La ‘corrupción’ es un fantasma que con coronavirus y sin él, recorre como un fantasma todo el territorio nacional. Y lo lamentable es que muy poco se está haciendo para erradicar este mal, que en lenidad pero efectiva, aumenta el patrimonio de los políticos dueños de las empresas prestadoras de servicio de salud en este momento de emergencia sanitaria. Ellos aplican ese perverso criterio: el que viene atrás que arre.

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