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La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo, la llave para abrir la puerta de oro de la Libertad. Estas dos frases una de Nelson Mandela y la segunda de George Washington no se imaginaron lo pertinente que son en estos momentos en La Guajira para enfrentar su problemática.

El segundo caso, de estas historias de vidas extraordinarias, es el de María Pushaina, esta niña de trece años todos los días, recorre con su pequeña hermana Marta de doce, 10 kilómetros a pie, de su ranchería en el desierto fronterizo al corregimiento de Paraguachón, a su escuela todos los días para recibir clases.

Siempre llevando otra ropa y zapatos, porque llegan con tanto polvo hasta en el pelo, que parecen unas momias ambulantes, para entrar a clases les toca sacudirse entre ellas en los baños de la escuela y cambiarse todos los días.

La pobreza de estas niñas es impresionante no cuentan con lo mas mínimo, sin luz eléctrica en su comunidad, presentan alto grado de desnutrición, se alimentan una sola vez al día, si sus hermanos mayores traen algo, que laboran de mototaxista en Maicao y servicio doméstico, padres analfabetas, sin ningún vínculo laboral.

En la escuela las llamaban los cerebritos, porque eran brillantes en sus participaciones y trabajos en clases, siempre destacándose por sus capacidades y dones. Las premiaciones no se hacían esperar, las conocí cuando asesoraba el comité de convivencia de la secretaria de Educación en una de las tantas visitas a Paraguachón en aquel tiempo quisimos llevarlas a la emisora para que comentaran su experiencia y motivaran a todos los estudiantes del municipio, fueran modelo de vida para otros, pero por circunstancias culturales y administrativas no se pudo, quedé con esa responsabilidad social de hablar de estas niñas.

En días pasados fue el escándalo de Fabio Zuleta, que evidenció tantos años de abusos y maltrato de género contra nuestra etnia, por parte de nuestra dirigencia política, instituciones, estado.

Falta de equidad, oportunidades; Zuleta fue el florero de Llorente de una realidad que nos viene carcomiendo hace muchos años. Apoyado por muchos líderes de la misma etnia.

Estas niñas son el ejemplo de que, a pesar de su realidad, pueden transformarla y convertirse en esas líderes que cambien estas historias.

Ellas eran las consultas obligatorias de sus compañeros, siempre estaban en la biblioteca, estudiando y consultando, porque carecían de Internet, computadores y tablet, todo lo que tienen los jóvenes ahora, ´para hacer sus tareas” y ni así las hacen, estas niñas amaban los libros como dijo Vargas llosa, el leer nos hace libre.

Solo espero que los directivos de la institución, apoyaran a estas niñas a seguir adelante en su formación, que hoy ya estén en la universidad, porque estos son los proyectos de vida que hay que sacar adelante, la deuda social que tenemos con nuestra identidad cultural es grande y convertir a estos seres humanos excepcionales en líderes que revolucionen sus comunidades desde tribunas académicas, políticas, culturales, voces para cambiar este mundo.

Marías y Martas siempre van existir con ganas de seguir adelante, lo que necesitamos es cambiar todo el sistema de vulneración de derechos que sea perpetuado en nuestra región, queremos a nuestras niñas indígenas libres, dedicadas a sus estudios en todos los niveles, empoderadas en la transformación social de cultura.

Estado, instituciones, líderes Wayúu garanticemos todos los derechos de nuestros indígenas, no permitamos más abusos y maltratos, ya dejemos de pensar de forma egoísta. En sacarle provecho a los más necesitados. Por una verdadera equidad de género, distribución real de oportunidades donde todos podamos desarrollarnos, con indicadores óptimos de calidad de vida.

Porque los últimos informes de desarrollo humano realizados por Unicef y otras entidades salimos rajados y la culpa no es de Zuleta.

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