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En estos más de 20 años de servicio en el sector educativo, son muchas las anécdotas y experiencias que le dan sentido a mi vida.

Hechos tristes y alegres, personas que llegan otros que se van. Pero siempre hay proyectos de vida que te dejan huella, personas energizantes que lo contrario a las personas toxicas, el compartir con ellas te dan energía, felicidad como dice Ernesto Sábato en su libro la Resistencia te dan esperanza que este mundo puede ser mejor, son los héroes sin capa que están en las instituciones, los barrios y nuestros pueblos y pasan desapercibidos. De estos seres positivos quiero hablar hoy.

Este es el caso de William José, María Pushaina, la familia robledo.

El primero, un joven de 14 años de nacionalidad venezolana, como muchos otros con ganas de progresar, William vive con su papá y su hermana menor, su madre los abandonó, apenas llegaron a la ciudad fronteriza, buscando un mejor futuro para ella lejos de ellos; yo no vería un futuro sin mis hijos al lado.

Desde los primeros días de clases, William se destacó como uno de los mejores, siempre participando y preguntando, sus trabajos son excelentes, su trato con sus compañeros y docentes es respetuoso, solidario, que siempre le genera reconocimientos.

Cierto día saliendo con mi esposa y mis hijos de un restaurante de cenar a eso de las 9 de la noche, qué sorpresa me encuentro con él, con un carrito de madera con muchos termos de café y aromáticas vendiendo a esa hora, le pregunté con quién estaba, me dijo que estaba esperando a su papá, le pregunté que si había comido me dijo que no, le pedí una comida y no la quiso porque tenía que irse.

De ahí empecé hacerle seguimiento a ese ser humano excepcional, todas las mañanas arregla a su hermana para ir para el colegio, le prepara desayuno y le ayuda con las tareas, de ahí acude al colegio en la jornada de la mañana, en las tardes ayuda a su papá, a hacer arepas de queso que venden y sus termos de cafés, tarea que empieza desde las tres de la tarde hasta las diez de la noche.

Esta es la realidad de muchos niños de nuestra ciudad, que amerita la intervención de las instituciones que muchas veces brillan por su ausencia, no se hacen notar. Este héroe cada día se levanta con ánimos y alegría para enfrentar su vida, siendo destacado en todos sus procesos, no tiene quien le ayude en sus tareas, el año pasado le doné una Tablet por su desempeño óptimo.

Lo paradójico de esto es que tengo a chicos viviendo con sus dos padres, estables económicamente, que no se esfuerzan y no le ven sentido a la vida, pero es porque sus traumas y heridas los agobian. William lo vive de manera diferente, lo utiliza para darse fuerza, para salir adelante, eso se llama resiliencia. En estos días hablábamos, y me decía que quería terminar rápido, para entrar en la universidad, le dije que se siguiera esforzando, que contara con mi apoyo.

Semanas atrás me dijo que había ubicado a su mamá, le dije que la contactara para dialogar con ella, después de días de dialogo de acercamientos entre los padres, se reconciliaron y está nuevamente en casa apoyándose entre ellos. Fue capaz por su liderazgo, ánimo de vida y pidiendo ayuda, recuperar a su familia.

En estos días de cuarentena, anda con su papá vendiendo verduras, me dice que le hace falta el colegio, que está mandando los trabajos por teléfono, que a veces no tiene internet, siempre le pongo el Wifi a la orden, pero me sorprende esa capacidad de lucha.

Tiene todas las excusas como muchos para abandonar, ser un mediocre pero no, este muchacho, me enseña que esta es la vida que hay que enfrentarla y vivirla con alegría, sacar nuestras metas a pesar de las dificultades, siempre pienso con más estudiantes como él este mundo sería diferente.

Cada día le doy gracias a Dios por conocer súper héroes como él que dejan huella en las personas que los conocen. Los otros casos en el próximo articulo les cuento.

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