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La entrevista hecha por el señor Fabio Zuleta Díaz a un Wayúu (publicada el domingo 24 de mayo de 2020), sobre la “venta de las indígenas en La Guajira”, se ha hecho viral en las redes sociales por su contenido sarcástico e ignorante y por sus actitudes de burla y extravagancia.

Es oportuno detenernos a analizar las expresiones irónicas del mencionado entrevistador, ridiculizando y tergiversando el sentido de usos y costumbres de la cultura Wayúu. Se nota que el periodista desconoce la ética profesional y lo más delicado su ética personal, al hablar de temas que carecen de veracidad, indelicados y puestos en cámaras y micrófonos que dan la vuelta al mundo.

Las personas en general merecen un trato digno y de respeto, especialmente los grupos culturales que cada día son más arrasados, estigmatizados y discriminados. 

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La cultura Wayúu constituye no solo un patrimonio y riqueza sino un baluarte con acervo identitario que garantiza la continuidad de un pueblo que con dificultades y xenofobias se ha mantenido; un pueblo que le ha ‘tocado’ aprender el castellano; de otra manera no hubiera podido establecer relaciones interculturales, porque se suponía que, por ser más débiles que los ‘alijunas’ o no Wayúu, tenían que someterse y entre esos sometimientos estaban las relaciones y el intercambio.

Entonces el ‘alijuna’, no aprendía wayuunaiki porque era una lengua de menor status y no tenía sentido hablarla; hoy sucede todo lo contrario, a tal punto que existe la Ordenanza 01 de 1991 que declara el wayuunaiki lengua oficial del departamento de La Guajira, aunque no se le ha dado la importancia esperada.

Continuamente en las escuelas, empresas y reuniones sociales, se producían burlas a aquellos Wayúu que presentaban interferencia lingüística; el alijuna se sentía dueño de todo, hasta de las personas y qué decir en la época de la famosa “bonanza marimbera”; cómo eran tratados y cómo se le daba otro sentido a la ‘dote’ que los alijunas llaman de manera errónea “venta de la mujer”.

La ‘dote’ o el paünaa es lo que entrega en especie el pretendiente a la familia de la futura esposa, como reconocimiento por sus enseñanzas en las labores como mujer y haberla educado con los mejores valores que caracteriza a una Wayúu. En esta cultura la ‘dote’ o paünaa es uno de los rituales más importantes en los que se debe basar la unión de una mujer y un hombre como tradicionalmente se hacía.

Los tíos maternos participan de esta ceremonia; el joven, si siente mucho respeto y valor hacia la cultura y la familia de la mujer, tiene que acudir a un palabrero o pütchipü para llevar la palabra de que está interesado en la majayüüt y la pide en matrimonio, con ese vínculo se crecen las dos familias. Si se acepta, acuerdan la cantidad y los objetos que piden por la majayüüt; de ahí se comienza a dar la ‘dote’.

Quiere decir entonces que ese proceso para los no Wayúu, ceremonia o ritual para los Wayúu, es sagrado, carece de ‘morbo’ de interés económico y ‘explotación’ sexual como se ha creído; no consiste en la negociación de la mujer, ni en su comercialización -es sagrada e intocable-, sin duda hay un valor cultural que la sociedad ‘criolla’ ha estigmatizado como compra y venta y el hombre se ha aprovechado de esa imagen.    

Volviendo al tema de la entrevista; al periodista se le nota ‘gozo’ en su habla y en su risa cuando se dirige al ‘supuesto’ humilde Wayúu que tiene al frente y este de manera ingenua le responde, lo que causa más regocijo en el periodista, mostrándose pleno por la candidez de este personaje entrevistado.

Nos surgen interrogantes e inquietudes a cerca de nuestras relaciones en una sociedad tan diversa en todos los sentidos; los medios de comunicación deben ser los primeros en ejercer una pedagogía del respeto en la que se eduque desde el ejemplo ¿qué están haciendo para ello?, si son los primeros quienes al tener un micrófono enaltecen o empañan a quien está delante de ellos?

Necesitamos asumir posturas críticas en las que la valoración de las culturas sea primordial. No podemos mostrarnos complacidos y aplaudiendo un periodismo discriminatorio que devela las relaciones subyacentes en una sociedad pasiva y tolerante frente a la desnudez de temas tan míseros como el tratado en esa supuesta entrevista.

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