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El concepto de inclusión tiene sus orígenes en el contexto anglosajón. A partir de allí han sido múltiples los estudios en relación con este tema. Partiendo de lo anterior la inclusión en el contexto educativo podría definirse como “el medio más efectivo de combatir las actitudes discriminatorias”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2009) informa que cerca de 600 millones de personas en el mundo presentan algún tipo de discapacidad, y de ellas el 10 % vive en países en vía de desarrollo en América Latina y el Caribe (OPS, 2006). Esta prevalencia ha despertado interés debido al impacto negativo que genera en los ámbitos individual, social y económico.

Dicho interés se ha reflejado mediante la adopción o generación de políticas por parte de los organismos gubernamentales, que se orientan a favorecer la inclusión de la población discapacitada en condiciones de igualdad social. Uno de los escenarios en los cuales se busca promover esta integración es el educativo. Desde las propuestas para facilitar el acceso y la permanencia de las personas discapacitadas a las instituciones educativas, se encuentra la educación inclusiva.

Ubicar a los maestros como objetivo único del desarrollo académico no debe separarse de su potenciación como sujetos conductores de dicho desarrollo, y esto no parece lograrse creando desde la escuela corazas de refugios y desconocimientos de la subjetividad tanto de los maestros como de los estudiantes, ello refuerza más bien el sentimiento de mansedumbre y baja autoestima.

Lo que parece requerirse para lograr un desarrollo humano integral es fortalecer los procesos estrictamente socio afectivos que permitan transformar la diversidad de subjetividades en acción colectiva para el cambio, y el currículo puede ser la herramienta expedita para lograr educación dialógica emancipadora que busca la superación de la contradicción estudiante-docente como condición única, para pensar en un acto pedagógico como práctica de la libertad, conducente al descubrimiento de la realidad de manera crítica.

Desde la formación primaria se enarbola la práctica pedagógica de la fragmentación y el aislamiento de los objetos, las situaciones y los valores del entorno, al separar los saberes en parcelas de conocimientos denominados asignaturas, compartimentalizados en años y grados; al desunir los problemas de la escuela de los de la familia, del medio social y cultural; al eliminar todo lo que evidencia contradicciones.

En este tipo de modelo pedagógico, las mentes de los niños y jóvenes pierden sus capacidades naturales para contextualizar los saberes, las experiencias y problemas e “integrarlos en los conjuntos a los que pertenecen”.

El papel esencial de la educación, es promover en los docentes la capacidad de gestionar sus aprendizajes, de adoptar una autonomía creciente en su preparación y disponer de habilidades intelectuales y sociales que les permitan un aprendizaje a lo largo de la vida; cuya característica de desenvolvimiento más importante sea facilitar con sensibilidad humana, la capacidad de diálogo y experiencias integradoras, a través del respeto hacia los demás, con estrategias pedagógicas que estimulen el trabajo en equipo, la motivación, y el uso de mapas conceptuales.

Sin embargo, es importante precisar que en términos prácticos la creación de más escuelas segregadas y el hacinamiento, muchas veces propiciado, por las políticas de ampliación de cobertura, no es la solución para enfrentarlas profundas raíces de la problemática de la educación, se evidencian mayores y mejores resultados en las escuelas inclusivas que en diferentes regiones y localidades han comenzado a emerger de manera vigorosa, aunque con el peso de la indiferencia y el estereotipo cultural que aún se mantiene sobre la llamada educación especial.

De allí por qué desde la autoevaluación y la rendición de cuentas estas experiencias deben emerger, hacerse visibles para ser reconocidas y legitimadas y desde esa perspectiva, lograr una mayor atención en las políticas de estado y en la autoestima social.

Una revisión normativa sobre el tema indagado permite identificar apuestas legales que refrendan el desarrollo de esta.

Ley 361 de 1997 Artículo 10

Ley 1098 de 2006: Artículo 36

Ley 1618 de 2013: Artículo 11

Por lo tanto, la primera condición indispensable para poder mejorar la red de apoyos como cualquier otra innovación es, la de mantener sostenida en el tiempo una actitud básica de reflexión, análisis y cuestionamiento de los valores del centro, así como de su organización, su funcionamiento y de las prácticas habituales al respecto, dedicando espacios y tiempos regulados para ello.

“Dios los bendiga a todos”

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