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No hay duda de que transitamos en un momento histórico para la humanidad, la pandemia generada por el Coronavirus ha puesto en jaque a todos los países impactando de manera considerable la vida económica y social de estas sociedades, Colombia no es la excepción, con su estrategia restrictiva y de confinamiento obligatorio ha logrado contener de manera considerable la propagación rápida de la enfermedad, situación que ha permitido adecuar los servicios de salud para atender a los enfermos y evitar el colapso del sistema.

Pero las cosas no parecen ir bien, en un reciente informe presentado por el Dane sobre el mercado laboral la tasa de desempleo en nuestro país casi se duplicó con respecto al mismo periodo del año anterior, es una señal que debe generar un campanazo de alerta para las administraciones del orden nacional y territorial frente a las medidas a implementar hacia el futuro para seguir lidiando con la enfermedad.

Aunque en los planes de las administraciones locales que apenas inician sus periodos de gobierno no se encontraba presente enfrentarse a una tragedia de orden global que hoy afecta a más de 6 millones de persona a nivel mundial, se debe reconocer que frente a lo sucedido en países vecinos como Ecuador y Brasil, a los colombianos nos ha ido mejor en el manejo de la pandemia y que el departamento de La Guajira a pesar de su alto grado de vulnerabilidad, somos unas de las regiones con las tasas de afectados más bajas del país.

Lo cierto es que Colombia después de más de dos meses de restricciones y de confinamiento obligatorio comienza a transitar por un camino que puede ser mucho más peligroso que el Coronavirus, la caída estrepitosa del empleo desnuda la fragilidad de la economía y el deterioro de la calidad de vida del ciudadano, incrementando a un más los deshonrosos niveles de pobreza y desigualdad con los cuales nos hemos acostumbrado a vivir.

El informe del DANE pone a Riohacha como la quinta ciudad del país y la primera de la costa Caribe con el más alto índice de desempleo, pasamos de 15.3% en el años 2019 a 21.3% en el mismo periodo del 2020.

Ahora que el gobierno nacional extendió hasta el 1 de Julio el aislamiento obligatorio a través del Decreto 749 del 28 de Mayo del 2020 y que faculta a los alcaldes para ir haciendo la apertura gradual de múltiples sectores e ir devolviendo a los municipios en parte la vida social, es importante que se puedan explorar otros caminos que contengan la propagación del virus, sin poner en riesgo los medios de subsistencia de la gente.

Lo anterior nos podría poner en el contexto de la discusión sobre ¿qué es más importante, la salud o la economía?, lo cierto es que sin adentrarnos en esa dicotomía, es necesario que gobierno y sociedad entendamos que el Coronavirus llegó a nuestras vidas para quedarse por un bueno tiempo y queramos o no, es imposible mantener las ciudades cerradas de manera indefinida y los resultados del desempleo nos está diciendo que no vamos por buen camino.

Entendemos que somos una sociedad en la que algunos sectores omiten el cumplimiento de las restricciones, pero también es importante valorar que si la mayoría no lo hiciéramos, ya el frágil e ineficiente sistema de salud del país se hubiera colapsado en la primera semana.

El reto futuro no es seguir insistiendo solo en acciones de corto plazo como único camino para evitar el contagio masivo, es necesario adelantar estrategias que generen un cambio de cultura en el comportamiento del ciudadano como primer respondiente en el cuidado de su salud, las decisiones futuras debe poner a prueba la creatividad de los gobiernos locales, acciones que privilegien el derecho a la vida, no solo visto desde el derecho a la salud, sino también desde el derecho que tienen las familias a vivir dignamente.

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