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El pasado 16 de junio fui invitada por el MEN al Foro virtual “Discriminación por racismo: un abordaje desde lo étnico racial en la escuela. Aproximaciones teórico-prácticas para un entorno educativo sin discriminación”, participé en una de las mesas de trabajo, compartimos situaciones por las cuales atraviesan niños y jóvenes en los establecimientos educativos en el país.

Analizamos la situación de “maltrato que reciben por su pertenencia étnica, identidad cultural, diversidad lingüística o por factores asociados con su ‘apariencia’ física -afrodescendientes, indígenas o rom”-; en esas disertaciones coincidimos en que aún estamos replicando los modelos sociales del colonialismo; se desconoce la ‘otredad’ y se mira la diversidad como rémora. Son realidades complejas que el Sistema Educativo debe estudiar con esmero en cada territorio y región, porque, aunque parezcan similares guardan profundas diferencias.

Las claves de los procesos discriminatorios están insertadas en los códigos culturales y afloran de manera inconsciente en nuestras manifestaciones gestuales, orales o simplemente en nuestros pensamientos; de ellos se deriva lo que hacemos. Pensamiento y conducta, están estrechamente relacionados, -“hago lo que pienso” y también debería ser “pienso lo que hago”-.

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Quienes son ‘objetos’ de esas formas de discriminación generalmente son personas que viven en condiciones de vulnerabilidad, explotación o simplemente sus rasgos físicos, formas de pensar y actuar no son las comunes a los de su entorno.

Quienes discriminan muchas veces lo hacen llevados por la ignorancia de lo que significan los gestos, las palabras o expresiones; también lo hacen usando la sutileza la cual es humillante. La discriminación es un proceso histórico en los sectores socioculturales, religiosos, políticos.

La mujer, por ejemplo, lo fue solo por su condición de mujer; únicamente era tenida en cuenta para las labores de la familia, atender los hijos, cocinar, etc. Era cosificada, su papel no trascendía las labores domésticas; a pesar de ello, después de muchos años de luchas logró ser reconocida y posicionada en escenarios científicos, intelectuales, políticos, culturales, etc.

Aparentemente nadie quiere aparecer como discriminado o discriminador, ambas condiciones son incómodas, a pesar de ello, se tienen que visibilizar, esencialmente en el escenario educativo, indispensable para la preparación de ciudadanos.

La discriminación está presente en los escenarios de la humanidad, de manera intencionada o no. La simbología es una muestra de ello, podemos referirnos a: ¿con qué identificamos el dolor, una pérdida, la muerte, el castigo, el mal, los productos de aseo, la ‘belleza’, la ‘riqueza’, el amor, el odio?

Entonces, como no siempre es directa ni explicita, se hace necesario acudir a unas formas de interpretar los sentidos de la comunicación para dar significado a lo que pasa y vive el niño en sus entornos de aprendizaje, en su vida familiar y social.

Los maestros, en muchas ocasiones somos ‘discriminadores’, no nos damos cuenta de ello, por ejemplo, lo hacemos cuando subvaloramos los desempeños de los estudiantes, establecemos los cuadros de honor, los primeros puestos por mejores calificaciones, felicitamos, reprendemos, etc. Son las manifestaciones que subyacen en una sociedad y que emergen en cualquier rincón de la escuela, la empresa, la familia.

Vemos a los otros buenos o malos, lindos o feos, con cualidades y defectos, frente a ello podemos preguntarnos, ¿quién ve ‘mi’ yo o yo me veo a mí mismo? Esa también es una forma de discriminar, excluir y separar, cuando no nos re-conocemos a nosotros mismos y cuando al conocernos y al vernos nos repudiamos, entonces lo hacemos con el otro porque no aceptamos nuestras condiciones físicas, mentales, espirituales.

La discriminación implícita o explícita, lleva de manera subyacente violencia y por eso genera violencia. Estos hechos alteran la dinámica escolar. De allí que se recurra a estrategias pedagógicas que conduzcan a una mejor convivencia para que la familia se incluya en esa cofradía. Integrar escuela-familia es lo ideal, hoy en medio de esta crisis humanitaria se nota más la necesidad de conseguir ese ideal.

La escuela se trasladó a los hogares, no la escuela de cuatro paredes sino aquella que mantiene su atención en unos estudiantes, en los cuales padres y maestros atienden sus individualidades; es así como el Currículo escolar, fundamento de lo que se enseña -“abierto, contextualizado y flexible-”.

Esto permitirá que el abordaje de estas ‘situaciones’ o “hechos de la vida”, sean contempladas ya no como requisito para cumplir con la rigurosidad de un programa o Plan de estudio, sino desde las disciplinas (trans, inter y la ‘indisciplina’) y ¿por qué hablar de ‘indisciplina’?, es salirnos de los esquemas que nos han y hemos prefijado, mirar y abordar las situaciones del mundo-de-la-vida con libertad y criticidad.

Formar desde el pensamiento crítico y complejo para analizar-nos desde nuestras propias realidades y la de los otros. Esos postulados tendrán vigencia en los “modelos educativos” que concertemos con la comunidad y que respondan a situaciones ‘emergentes’ como las que estamos atravesando.