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El viernes 10 de septiembre falleció el escritor Antonio Caballero Holguín, uno de los más famosos columnistas de Colombia. Caballero se caracterizó por su crónica abierta, crítica del poder y de los mandatarios, por su constante análisis de la situación social del país, y por su amplísima cultura general que le permitió escribir también sobre arte, toros, historia, etc. Se fue un grande del periodismo que a pesar de su origen rodeado de la alta aristocracia bogotana, supo mostrar independencia de criterio y análisis permanente de la realidad cotidiana.

De él, recordó Juan Carlos Iragorri en redes sociales una de sus lapidarias frases: “Si en Francia el pecado nacional es la arrogancia y en España la envidia, en Colombia es la lambonería». No sé si los pecados mencionados para España y Francia son valederos, pero en Colombia sí se siente que existe una gran lambonería. Se nota sobre todo a nivel central cuando el de a pié le hace venias al político de turno, al gobernante o al parlamentario que casi no pisa el suelo y se siente levitando sobre los intereses de los demás.

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Pero, en Colombia, ¿qué es ser lambón? Es una persona que siempre se muestra complaciente con el o los jefes, así quede mal parado con sus compañeros. Es un adulador, con tal de obtener favores para sí mismo o los suyos. Si tiene que ganar indulgencias con camándula ajena, lo hace, porque lo importante es halagar al superior o al político de turno, así atropelle al resto…y por eso es peligroso. Es inescrupuloso.

El que está arriba necesita saciar su ego y siempre hay personajes que mediante la lambonería alcanzan lo que otros, más capaces o con más méritos, no logran. Por un lado, el lambón de turno y por el otro el ego del gobernante; es decir, el hijo que es llorón y la mamá que lo pellizca. Se atraen como polos opuestos y se ayudan entre sí a costillas de la igualdad o la meritocracia.

Algunos dicen que la lambonería es un mecanismo de defensa de los ineptos, o de los que se sienten inferiores en un colectivo; por eso halagan falsamente para alcanzar sus fines a un jefe que también necesita de este tipo de personajes como herramienta de información al interior del grupo subordinado. La lambonería está concebida para escudriñar los intereses ocultos de un grupo que hace venias.

Por eso los lambones son detectados por el mismo grupo subordinado. El colectivo sabe quién o quiénes son los lambones y de que los hay, los hay. En La Guajira o en Cafarnaúm. Pero siempre está acorde con el nivel democrático que se tenga en cada pais, en cada región, en cada ciudad o en cada grupo social con escala de jefaturas.  Nivel democrático o políticas de igualdad al interior de los grupos, es lo mismo. A menor democracia, mayor lambonería. Ante la igualdad de oportunidades desaparece la lambonería.

Si para acceder a los cargos públicos existen normas claras de igualdad de oportunidades, no debería existir lambonería como forma de acceder a un salario. Lastimosamente las normas están escritas, pero generalmente tienen pata de barro por lo que son fácilmente violables por los gobernantes que por supuesta necesidad de funcionamiento normalizado, deben complacer al jefe político que le da su respaldo. Y ese jefe del grupo político ni hace convocatorias, ni tiene escala de méritos ni hace concurso dentro de su grupo para postular, o mejor dicho, ordenar la vinculación de alguien. Generalmente va un lambón en la terna.

Así pasa en Colombia y también en La Guajira. Los grupos políticos dígase lo que se diga, alimentan la burocracia estatal a todos los niveles. Y los gobernantes reciben los nombres de los postulados por el grupo político, rompen la igualdad de oportunidades para acceder a un puesto público y terminan incentivando una lambonería rampante de los subordinados ante los jefes políticos. A nombre de la democracia y la política se hace lambonería y politiquería. Los intereses populares son los que siempre van en detrimento y siguen existiendo los lambones.

Pero hay otra clase de lambones y son los de oficio. Aquellos que no necesitan cargo público ni contratación, pero son lisonjeros de profesión. Genuflexos de tiempo completo. Están siempre prestos a extender alfombra roja al gobernante, al político o al potentado. Lo que importa es que maneje algún tipo de influencias y bastará ello para que aparezca el lambón de oficio. Súbditos de veinticuatro horas al día. Lambones por naturaleza y por si acaso.

Posdata: Como homenaje póstumo, Invito a leer la obra de Antonio Caballero titulada Historia de Colombia y sus Oligarquías (1498-2017). Se encuentra disponible virtualmente en la web de la Biblioteca Nacional de Colombia. Es la historia de Colombia vista desde un ángulo crítico no tradicional. Suerte y pulso.