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Este 4 de junio de 2020 es un día especial para la Diócesis de Riohacha y para cuantos formamos parte de su feligresía: invicto, llega al final de su ‘camino episcopal’ y se despide nuestro obispo Emérito Hector Salah Zuleta, al tiempo que recibimos alborozados a monseñor Francisco Ceballos Escobar, de la Congregación del Santísimo Redentor, quien recibirá la posta evangelizadora de manos de su antecesor.

En sus ‘palabras finales’, monseñor Salah nos recuerda la admonición reciente del Papa Francisco en una de sus homilías, en el sentido que “estamos todos en la misma barca, nos salvamos o nos hundimos todos”. Por su parte Monseñor Francisco, quien viene de Puerto Carreño, La tierra del Sol, en sus primeras palabras ante el Altar de la Catedral Nuestra Señora de los Remedios, la Vieja Mello, a la que se encomendó, nos invitó a ‘remar mar adentro’, haciendo honor al lema del Escudo de nuestra Diócesis, siempre de manera sincronizada y ‘en la misma dirección’.

Se cierra un ciclo y se abre otro. El 16 de julio de 1988, después de un largo período del Vicariato apostólico, “de siembra entre sangre, sudor y lágrimas” de sus predecesores Eusebio Septimio Mari y Livio Reginaldo Fischione, de la Orden de los Capuchinos, se erigió la Diócesis de Riohacha merced a la Bula pontificia Quoniam ut plane del Papa Juan Pablo II. Monseñor Francisco se convierte en el 5.º regente de la misma, después de los prelados Jairo Jaramillo, Gilberto Jiménez, Armando Larios y Héctor Salah Zuleta.

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Monseñor Héctor Salah Zuleta pasará a la reserva activa de su Misión evangelizadora después de 48 años cumplidos de su consagración sacerdotal y de sus 22 años como Obispo, de los cuales consagró, de cuerpo y espíritu, 15 años a la Diócesis de Riohacha. Su paso, ejemplar y ejemplarizante, por esta deja una huella indeleble de lecciones y realizaciones, todas subrayadas por su tenacidad y empeño.

Se destacan entre ellas sus huellas, la gestión educativa mediante la Educación contratada, la Pastoral social y la administrativa, el banco de Alimentos y sobre todo la biblioteca digital Héctor Salah Zuleta, la única en su género en La Guajira. Parodiando a Alberto Cortez, él, a su paso por La Guajira, que se tornó en su otro terruño, dejó un tizón encendido “que no se puede apagar ni con las aguas de un río”, así sea este el Ranchería.

Monseñor Salah Zuleta, arquitecto de profesión es reemplazado por monseñor Ceballos Escobar, licenciado en Educación y en Teología, viene de ejercer su apostolado en la Colombia profunda, en el otro extremo del país, que tiene como denominador común con La Guajira la predominancia de los pueblos indígenas y la precariedad de las condiciones sociales de su población. Cuyabro, oriundo de Génova (Quindío), la misma patria chica de mi esposa Nydia, emparentada con él, se ordenó como Sacerdote hace 35 años y hace 10 años fue designado obispo por parte del Papa Benedicto XVI.

Ha llegado monseñor Francisco a pastorear a la grey de su nueva Diócesis, animado e inspirado por el Espíritu Santo, como, según lo anunció, “el hijo de San Alfonso María de Ligorio”, Padre de la Congregación redentorista.

Desde el anuncio de su designación como Obispo de la Diócesis de Riohacha, que fue acogida con gozo y devoción de la misma, sus mensajes han sido reveladores de su bondad, de su cercanía y sencillez, así como de su empatía personal. Al fin y al cabo la boca habla de lo que abunda en el corazón.

Su prédica, sus palabras y su talante son muestra elocuente de su carácter incluyente, de puertas abiertas y de mano tendida, especialmente a los más vulnerables. Su ‘fascinante tarea misionera’, como la denomina él, en Puerto Carreño estuvo signada por la defensa de los derechos humanos, particularmente de los migrantes y desplazados.

Cualquiera que haya escuchado las palabras de monseñor Francisco a su arribo a la catedral Nuestra Señora de los Remedios el pasado lunes llega fácilmente a la conclusión que él ha adelantado un curso rápido e intensivo de La Guajira, la misma de cuya cultura manifestó su deseo de dejarse ‘permear’ y compenetrar hasta fundirse con ella.

Así como monseñor Salah terminó su Misión evangelizadora en la Diócesis de Riohacha, monseñor Francisco aspira y espera hacer lo propio. Que Dios le dé la dispensa a él y la dicha a su rebaño para que ello sea posible y así, ‘remando en la misma dirección’ podamos transitar juntos la larga travesía a la que nos invita monseñor Francisco, hasta alcanzar ‘la eterna altura’. ¡Que así sea!

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