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El informe sobre la situación de pobreza

Lo que muestran las cifras   recientemente publicadas por el DANE sobre
la  pobreza monetaria en Colombia,  es que 
ella tiene una fuerte dimensión espacial. La pobreza y la desigualdad se
han convirtieron en una patología 
nacional.  Sus  indicadores y niveles   muy poco ceden cuando se miran desde una
perspectiva general.  
El profesor
José  Antonio Ocampo  adscrito a 
la facultad de  Facultad de
Economía de la Universidad  de los Andes
como investigador y asesor científico, 
comenta que ello es el reflejo de lo 
que ha sido nuestra realidad 
histórica   en el contexto
latinoamericano,  en donde  se consolidan niveles  de desigualdad y pobreza de las más precarios
del mundo. Solamente Brasil y Chile, a partir de reformular su modelo de
desarrollo económico han podido disminuirla de manera significativa.
La dimensión espacial de la   pobreza y la desigualdad  nos obliga a desagregarla. En esta otra
perspectiva  vemos que La Guajira avanzó
muchísimo. El indicador de pobreza disminuyó casi 2.5  veces  
comparado con el promedio. Igual, 
en la disminución de la pobreza extrema que  bajo  6
veces el promedio nacional. 
Esto significa que 
nos encontramos  en  una destorcida de la pobreza y la pobreza
extrema que por mucho rato y posterior al 2005 se mantuvo en un techo cerca del
64,2% y 37,6% respectivamente.
En desigualdad, La Guajira también  avanzó. Progresamos más que el nivel
nacional, aunque si  nos viéramos
como  un país   estaríamos en el grupo de los más rezagados
del mundo. 
Independientemente de ello, esto
nos hace pensar en que si se puede trabajar para cerrar las brechas que existen
en lo económico y en lo social. Igualmente, pensar en un futuro esperanzador.
Es por ello  que
sus  autoridades administrativas debemos
enfrentar el  desafío que representa la
inclusión de  cerca de   40 mil 
hogares conformado por  180  mil 
hombres, mujeres,   niños y
niñas   que se encuentran en dichas
condiciones. 
El departamento y sus municipios debemos enfrentar los retos de este ideal, que no solo favorecen sus condiciones de bienestar, crecimiento y desarrollo, sino que 
también se constituye en un claro
imperativo ético.
En la trampa de la pobreza se crean barreras que se transforman en
desventajas, modalidad de exclusión que   
se consolidan como estigmas y 
discriminación. Para evitar que
la pobreza  siga agitando la correa de su
transmisión generacional y llevando a significativos grupos sociales a la
autoexclusión, tenemos que  actuar
decididamente  para intervenirla. 
Para
ello  hay que visibilizarla,
escuchar  esas  voces,  
con el objetivo de detener  la
tendencia que llevan  las personas que se encuentran en ella, que les niegan sus posibilidades de participar del crecimiento económico,  en el 
mejoramiento de las condiciones de vida, de  la participación social y  la democracia.
Los gobiernos territoriales a través de los planes de
desarrollo municipales y el departamental,  
deben  trabajar de manera
significativa en  la pobreza como un
tema  multidimensional y  focalizar 
la  población sujeto de
intervención.  Independientemente  de los problemas de cobertura que  se tienen, la base de datos de la Red Unidos
nos sirve  para  que los gobiernos nos  podamos concentrar  en llevarles ofertas de servicios estatales a  estas poblaciones.  
El 
gobierno departamental debe complementar las acciones de los gobiernos
locales y no ser su competencia.  
Para  impactar pobreza, hay que
crear músculos administrativos y fortalezas  
partiendo de la confianza entre funcionarios, que finalmente se  transmiten 
como capacidades a las instituciones y a la sociedad.  
Escribió Cesar Arismendy Morales

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